¿Por qué tampoco nos respetan los de afuera?

Ernesto Herra Castro

Cuatro horas pasaron para que las entradas del partido de la selección nacional de fútbol se agotaran, máxime cuando se sabía, y era un hecho, que Messi, Di María, Tévez y el resto de los grandes del fútbol mundial iban a enfrentarse contra los de casa.

La tristeza se hizo más profunda cuando al ver cómo los de la sele se pusieron la camiseta y lo daban todo, quedaba para los adentros la ilusión de ver a los ídolos televisivos deleitando a un pueblo que los recibió con tanto cariño. Aún con lo anterior, Argentina hizo lo que había que hacer, cumplió con el contrato, trajo a los que queríamos ver y los vimos, pero nunca jugando un solo minuto en suelo costarricense.

Al mejor estilo de los contratos pactados por el Partido Liberación Nacional y Autopistas del Sol, porque cuando nos quejamos del Estado en realidad nos quejamos de quienes lo administra, al final no importa la utilidad o el beneficio social que una obra pueda tener, de lo que se trata es de embolsarse la plata. Habría que señalar aquí, eso sí, que en el anterior comentario aplican restricciones, principalmente porque aún cuando fuese a través de la ventana de un autobús el pueblo futbolero costarricense tuvo la oportunidad de ver a sus ídolos, mientras seguimos esperando el sueño de los justos para que al fin de cuentas le entreguen al pueblo de Costa Rica una autopista digna del dinero que desembolsa a diario en peajes cuyas tarifas usurarias no demuestran el mínimo respeto por un pueblo que de manera amable le ha prestado puentes prefabricados para que pueda seguir operando.

El Ministro de Obras Públicas y Transportes, Francisco Jiménez, anterior Presidente Ejecutivo de Japdeva, tiene clara su posición en el aparato administrativo nacional: gobernar en función de las transnacionales. Al igual que en el pasado reciente, el señor Jiménez pretende pagar con fondos del MOPT, osea el dinero del pueblo costarricense, las inconsistencias técnicas de un proyecto por el cual el pueblo de Costa Rica ya ha pagado más de lo que debe. Ejemplos similares los podemos encontrar en los vicios de proceso que sufrió el referéndum del TLC entre los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana; el uso indebido de poder que hacen los hermanos Arias respecto del control del aparato jurídico, administrativo y económico a nivel nacional; o, creo que es aún peor que los anteriores, el papel denigrante que nos hace jugar el Partido Liberación Nacional en el extranjero al andar solicitando cosas regaladas en cuanto lugar al que viaja en visitas de carácter “diplomático”, cuan triste pedigüeño. Mientras las y los de aquí nos sudamos el lomo trabajando con ganas y pagando con nuestro esfuerzo los impuestos que los integrantes de este partido no están dispuestos a pagar, nosotros, los de abajo, los futboleros, seguimos esperando con deseo, con gesto de súplica, mirando hacia el cielo como quien espera un milagro divino, que las estrellas bajen de su pedestal y se acuerden por un momento que ellos también son pueblo.

Al fin y al cabo, después de estos 90 minutos sólo puedo preguntarme ¿Por qué si somos “pura vida” tampoco nos respetan los de afuera?

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