Ernesto Herra Castro
Las imágenes no mienten, principalmente cuando los golpistas y sus aliados se escudan en un seudo discurso que pretende hacer pensar que lo que defienden los gorilas es el sistema democrático, constitucional y de legalidad.
La masacre ha iniciado. La persecución política, las detenciones, las violaciones a mujeres de las cuales tienen denuncias las organizaciones feministas hondureñas, así como la violación a los Derechos Humanos en términos generales, es la tónica que ocupa la cotidianidad hondureña de estos días.
Aún con lo anterior, el presidente Óscar Arias se sienta en la mesa a negociar con los dictadores. Los sienta para darles un respiro, una salida a la crisis que enfrenta la burguesía de ese país ante las miles de denuncias internacionales que circulan por medios alternativos y otros que, ante la imposibilidad de ocultar la realidad de los acontecimientos, se ven obligados a cubrir parte de los hechos.
Las negociaciones con los dictadores hondureños han sido impulsadas y promovidas no por el buen corazón de nuestro presidente, a quien la avaricia, el poder y la ostentación lo cegó hace ya muchos años (sin ánimo de ofender a quienes han perdido la vista), sino por el deseo de acumulación de un sector de los empresarios nacionales y regionales que ven en el golpe una limitante para el tránsito de sus mercancías.
No importan los muertos y los heridos. No importa la violación a los Derechos Humanos. Hay que buscarle salida a la movilidad de los productos. Esa es su consigna.
La burguesía centroamericana, hoy representada a escala planetaria por los dictadores, esos mismos quienes hoy reprimen a su pueblo, ha demostrado que está dispuesta a todo cuando existan proyectos alternativos que se opongan a sus intereses.
La caracterización equívoca de Manuel Zelaya como chavista, izquierdista o revolucionario por un sector de la prensa regional, muestra lo miope que puede ser el abordaje de la realidad en contextos de crisis a partir de la cobertura periodística y el decadente estado de su profesión. Por otro lado, deja claros los intereses que representan algunos medios de comunicación a nivel regional en este conflicto en particular, principalmente porque ellos son propiedad de la misma clase que hoy infunde el terror en Honduras.
Ni chavista, ni izquierdista, ni revolucionario. Manuel Zelaya es un hacendado burgués hondureño, miembro del Partido Liberal quien ha empobrecido históricamente las condiciones de vida de la población. Sin embargo, Zelaya, impulsado por un deseo paternalista, promovió distintas acciones populistas que dejaron de representar los intereses de la burguesía local y regional, siendo esto justificación suficiente para que su mismo partido, un partido de gorilas, le diera el golpe de Estado que hoy sufre la población hondureña.
Estudiantes, amas de casa, feministas, universitarios, profesores, académicos, investigadores, sindicalistas, jóvenes, abuelos. Para todos aquellos que se opongan a la los intereses de la burguesía hondureña el mensaje es claro: garrote, garrote y más garrote.
Independientemente de lo anterior, lo que está en juego en el caso de Honduras es la defensa de la constitucionalidad, de la institucionalidad, de la vida de nuestros hermanos y hermanas hondureñas, de su posibilidad de crear el país que ellos y ellas quieran, porque es a ellos y ellas a quienes les pertenece.
Si estamos dispuestos a que se negocie en Honduras, en nombre del pueblo costarricense, el cumplimiento de nuestra carta máxima de entendimiento, la Constitución Política, habremos perdido el rumbo, el sentido, la soberanía. Habrá sido el pueblo costarricense quien funja el papel de esbirro ante la estocada al pueblo hondureño.
Óscar Arias pretende negociar la sangre derramada por el pueblo hondureño, sus muertos, sus proyectos de vida, porque, entre otras cosas, eso ya lo hizo en el pasado. También negoció nuestros más preciados valores y riquezas, nuestra patria, y propició la modificación de nuestra Constitución Política. En ese campo ya tiene experiencia.
La solidaridad con el pueblo hondureño es hoy una urgencia. En la presente coyuntura la solidaridad es un llamado a la resistencia, al coraje, a la fuerza, a la lucha abierta contra la tiranía burguesa regional, representada por Micheletti en el caso hondureño y negociada por el Cartel que hoy nos gobierna.
Más de 200 detenidos, 50 desaparecidos, 12 muertos y cientos de perseguidos políticos es hoy el balance de la crisis hondureña.
Negociar las muertes, la Constitución y nuestros sueños es ceder nuestra vida a la tiranía.
Adelante Honduras. Resiste, resiste…
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