La Caja y la opción de defender lo nuestro

Ernesto Herra Castro

Hace ya algunos días que traté de establecer una suerte de respuesta, en el periódico costarricense La Prensa Libre, a Víctor Hugo Víquez, diputado del Partido Liberación Nacional, a un artículo que firma bajo su nombre en el cual se ensaña en descalificar mi lectura de los “aportes”, si es que podemos denominarles así, de los hermanos Arias a nuestro país en los últimos 30 años.

En la respuesta que le dirigí, y que por razones que me explico de alguna manera este medio no publicó, trataba de discutirle al señor Víquez respecto de la diferencia entre ideología-educativa y criterio científico de lo social, principalmente porque a aquellos que ostentan el monopolio de la verdad les enfada mucho que cualquier otro se la cuestione.

Además de la retórica del premio Nobel, que ya he cuestionado anteriormente en otros artículos publicados en este medio, los “aportes” sociales, económicos y políticos que le adjudica el señor Víquez a los hermanos Arias es más la respuesta evidente que como cabildero del menor de los hermanos se espera, sobre todo cuando la figura política de este último se encuentra en abierto estado de deterioro.

Aún cuando la historia “oficial” reciente, que defiende el señor Víquez, nos quiere hacer pensar sobre una Costa Rica pacífica y solidaria que se enrumba hacia el “progreso”, lo cierto del caso es que las y los jóvenes costarricenses tienen idearios de éxito que se asocian con la posibilidad de no vivir más en su propio país, como bien lo indican estudios universitarios publicados en el pasado reciente. Asimismo, la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana, no ha significado más que el recrudecimiento del mismo recetario que se ha impulsado fuertemente en nuestro país desde el mandato constitucional de Oscar Arias (1986-1990), ya que su segundo mandato habría que discutírselo en términos constitucionales, en el cual la desarticulación de las instituciones estatales fue medular. Lo anterior ha permitido garantizarle una posición privilegiada y diferenciada a un sector reducido de la población nacional respecto de la apropiación del excedente de la fuerza de trabajo de la población costarricense, de la apropiación de concesiones ofertadas por el sector público y de la apropiación cuestionada de amplios espacios de la zona marítimo terrestre de nuestro país, lo que le ha permitido a este sector articular sus intereses con los de los centros metropolitanos. Estos elementos anteriores son parte de las principales características de la dinámica política de los últimos 30 años. Los hermanos Arias, le enoje o no al señor Víquez, tienen vela en el entierro.

En los últimos días la presidenta Laura Chinchilla no ha tenido más opción que reconocer, ante la población nacional, que una de nuestras principales instituciones públicas, que nos ha dado salud, protección y resguardo a las y los trabajadores costarricenses desde 1941, se encuentra en crisis. La Caja de Seguro Social, una de las principales instituciones solidarias, no sólo de Costa Rica sino del mundo, ha sido el centro de los ataques sistemáticos de un grupo de tagarotes, pillos, ladrones y mafiosos políticos, no se lea incorrectamente políticos mafiosos, que en su intento de hacerse de lo que no es suyo y de enriquecerse a costas del trabajo ajeno sin esfuerzo y al margen de la ley, han ido restando posibilidad a la Caja de cumplir con su labor humanista y solidaria para con la población costarricense. Sin embargo, la crisis que atraviesa hoy la Caja no es un hecho particular, este, precisamente, es el síntoma de una crisis profunda que atraviesa el Estado costarricense, principalmente porque la administración de la cosa pública, durante los últimos 30 años, ha estado en manos de los mismos sectores que se han encargado en desarmar lo que por Constitución Política nos pertenece a todas y todos y hoy, irónicamente y sin descaro, se permiten en llamarnos o buscarnos en nuestros centros de trabajo o nuestros hogares para ofrecernos lo mismo que nos han quitado.

La crisis que experimenta hoy la Caja es el síntoma de una crisis que engloba las distintas instituciones del Estado. La sociedad costarricense dejó sus instituciones en manos de un minúsculo grupo de ricos privilegiados que habiendo estudiado en los principales centros ideológicos del liberalismo económico no hacen más que repetir las mismas recetas que hoy, ante los ojos del mundo y con respaldo del propio FMI, dan muestras de que el Consenso de Washington y el propio capitalismo han fracasado. Lastimosamente con ello también fracasaron nuestras instituciones.

Creo y sostengo que las y los trabajadores costarricenses podemos discutir y construir programas políticos conjuntos que nos permitan recuperar lo que es nuestro. La lucha por rescatar la Caja de Seguro Social costarricense nos da la opción de hacerlo. ¿Estaremos a la altura del contexto?

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