Ernesto Herra Castro
Duele reconocerlo, sobre todo cuando somos las y los trabajadores quienes asumimos el costo del déficit de una lógica que no tiene mayor sentido que el de la acumulación exacerbada de los grupos de poder económico y político que se extienden a lo largo y ancho de nuestra región centroamericana.
Duela más reconocer, que en este proceso, la dinámica política se ha aislado cada vez más de las principales tesis del proyecto democrático y se ha ensañado en hacernos pensar que no hay más democracia que la de la de ir a elegir un nuevo administrador de los intereses del capital transnacional cada cuatro años; y que no hay participación más valiosa que la que ejercen los individuos, de manera aislada, en las plataformas tecnológicas que hoy se posicionan como un imperante en la dinámica del mercado.
El mensaje es contundente: organícense en el ciberespacio para que los quejumbrosos dejen circular con libertad a las mercancías.
La racionalidad del tipo de organización democrática que experimentamos en la actualidad ha roto con las viejas premisas establecidas en la antigua Grecia. Hoy la democracia ha sido raptada y revestida de mercado con el apoyo incondicional de los burócratas y tecnócratas que posicionan el intercambio comercial por encima de la paz social.
Es triste ver cómo los intereses y necesidades de los individuos son “recogidos” en millonarios procesos de consultorías discrecionales que poco o nada le aportan a la transformación de las condiciones de desigualdad que experimentamos las y los trabajadores. Sin embargo, estos mecanismos se han convertido en un negocio sin precedentes para aquellas y aquellos que allegados al poder económico y político, dejan de lado el ideario democrático para hacerse fieles devotos de la dinámica del mercado, aún cuando decenas de miles de compatriotas vivan sin cubrir sus necesidades básicas.
Si bien la democracia como elemento discursivo parece aún jugar un papel fundamental en la dinámica electoral de los partidos políticos, entre ellos el Partido Liberación Nacional, la realidad social da muestras que la libertad, la igualdad y la fraternidad son aplicables sólo en la medida que las y los sujetos tengan los recursos económicos para poder comprarlos. Este mensaje “democrático” no sólo es violento, sino que es contradictorio y sumamente peligroso.
El discurso “social demócrata”, al que hace alusión el señor Víctor Hugo Víquez en respuesta descalificativa a uno de mis artículos publicados recientemente por este medio, señala que ha sido necesaria la “modernización de los principios y valores, para una social democracia moderna y acorde al nuevo mundo inmerso en una revolución científica y tecnológica que nos permita un crecimiento económico de la mano de la distribución de la riqueza como fundamento de la paz social”. Sin embargo, no hace énfasis el señor Víquez en su texto, de los cientos de miles de costarricenses que han quedado excluidas y excluidos de los mecanismos y derechos democráticos incorporados en nuestra Constitución Política.
Los elementos discursivos a los que el señor Víquez apela sólo quedan reflejadas en los textos y discursos a los que tan acostumbrados nos tiene ya el Partido Liberación Nacional. Los deja en el papel porque le da temor que los cientos de miles de “caracoles” piensen en libertad y se organicen política y democráticamente en contra de los intereses del “águila” y de su grupo de protectores.
En esta “nueva” lógica “social demócrata” la distribución de la riqueza se ha concentrado como nunca antes en nuestra historia nacional, manteniéndose por encima del 0,400 a partir de 1999 según el coeficiente de Gini que mide la desigualdad entre ricos y pobres (Estado Nación, 2004: 49). Lo anterior permite comprender cómo Costa Rica hoy es el país latinoamericano donde la desigualdad ha crecido con mayor celeridad; mientras que la paz social se posiciona como uno de los principales ausentes, posicionándose la inseguridad como la principal carencia señalada por la población nacional.
Las manifestaciones fenoménicas de desigualdad que se nos muestran en el 2011 son el claro reflejo de las contradicciones históricas, políticas, económicas y sociales que se han venido construyendo a través del tiempo. Si al señor Víquez, por su posición de cabildero de los intereses de los hermanos Arias dentro del Congreso no le agrada el análisis científico de lo social es evidente, sin embargo, la realidad que tenemos hoy no se muestra como para ensalzar la figura de quien tanto daño le ha hecho a este país. Sin embargo, es importante señalar y recordar, con claro acento en la memoria histórica, que el hito que marca el inicio de la aceleración en la desigualdad económica y social en Costa Rica lo constituye precisamente el primer gobierno de Óscar Arias que termina por afianzarse durante su segundo mandato. Si la paz social ha sido el fundamento de la modernización de sus principios éticos y filosóficos enmarcados en las transformaciones de la globalización, hoy el Partido Liberación Nacional debe estar claro que sus aportes a este país están articulados con el incremento de la concentración de la riqueza, la desigualdad social y económica. Si de esto se trataba la social democracia el Partido Liberación Nacional puede estar satisfecho al ver su sueño concluido.
Mientras uno de cada tres trabajadores no gane el salario mínimo estipulado por Ley; mientras que el aumento en los salarios del sector público no alcance el índice inflacionario; mientras que los intereses de la población nacional sigan sin tener respuestas; mientras que la lógica democrática siga beneficiando a los intereses privados y no a los colectivos; mientras los mecanismos de elección popular sigan siendo violentados (tal como lo vimos en el referendo del TLC); mientras que la Constitución Política siga siendo violentada por quienes han prometido mediante juramentación defenderla; mientras la contradicción económica y social crezcan; mientras que las y los trabajadores del sector privado carezcan de posibilidades reales de sindicalización; mientras que la inseguridad siga siendo parte de la vida cotidiana de las y los costarricenses, señor Víquez, le aseguro que decenas de miles de costarricenses seguiremos soñando con alcanzar la democracia.
Hoy, la democracia costarricense, inmersa en una dinámica de “águilas y caracoles”, ha dejado en evidencia que las “águilas” ya no quieren debatir sobre la democracia, quieren que las y los caracoles la asumamos como un hecho consumado en la lógica del mercado. Nos corresponderá a las y los “caracoles” reivindicar, a viva voz y de manera organizada, la libertad y el vuelo de la democracia de los excluidos.
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