Ernesto Herra Castro
El jueves 30 de mayo de 2009, en una de las notas sobre la fiebre porcina publicada en este diario, leí las palabras del presidente de la República, Óscar Arias, solicitándole a farmacias y a compañías farmacéuticas no aumentar los precios de los medicamentos en tiempos en los que hay que apelar por el pueblo de Costa Rica y no por los intereses personales. ¿Con qué moral y ética les pide el presidente Arias a estas empresas asumir posiciones en las que ni siquiera él ha sido consecuente con el pueblo a quien representa? Ante esta pregunta me surgen las siguientes líneas que me gustaría compartir con ustedes a continuación.
A partir de la entrada en vigencia de los Proyectos de Ajuste Estructural, en la década de los ochenta, el país no sólo recortó la inversión sostenida que había promovido desde la década del cincuenta del siglo anterior en las distintas áreas, principalmente el sector social, sino que dio un giro dramático hacia el actual Modelo de Desarrollo de corte Neoliberal en el cual no sólo actúa la “mano libre del mercado”, sino que la acumulación de capital se justifica cualquiera que sea la forma que se utilice para tal fin.
El presidente Óscar Arias no sólo fomentó la entrada en vigencia del Proyectos de Ajuste Estructural entonces (1986-1990), sino que fue uno de sus principales propulsores.
La privatización de las instituciones del Estado que generaban parte importante de la riqueza socialmente producida y distribuida, porque eran de todas y todos los costarricenses, fue una de sus principales consignas. “Privatizar las ganancias, socializar las pérdidas” ha sido la máxima del presidente Arias. Esa es y así actúa la “mano invisible del mercado”.
Durante el trámite del TLC con los Estados Unidos la tónica no fue distinta. El presidente Óscar Arias, como representante de los empresarios privados del país y la burguesía centroamericana, impulsó en persona la aprobación del mismo. La venta de las instituciones del Estado, las que quedaban, de los recursos naturales y minerales quedó a la orden y disposición de las compañías transnacionales, pero sobre todo, de la burguesía centroamericana, de la cual él forma parte.
Si la privatización de las riquezas naturales, minerales, institucionales y sociales quedó a la orden y disposición de su clase, aún cuando fuimos las y los costarricenses quienes durante más de cincuenta años financiamos la construcción de cada poste, de cada represa hidroeléctrica, de cada cable de luz, ¿con qué moral les dice ahora a los empresarios farmacéuticos que no saquen provecho de la coyuntura que actualmente se presenta con la fiebre porcina?
Otro de los aspectos que me parece importante rescatar en estas líneas está relacionado con la doble moral que nos presenta el abordaje mediático e institucional de la fiebre porcina.
La pobreza que enfrenta el pueblo costarricense, fenómeno en sostenido crecimiento a partir de la década de los ochenta, es el principal mal que afecta a la población nacional. Si bien se han creado distintos programas para enfrentar este fenómeno en particular, el negocio de la pobreza, del cual saca provecho la burguesía política a partir de la compra descarada de votos con bonos de vivienda, becas de educación, asistencialismo de las instancias gubernamentales, le ha permitido a este sector de la población nacional, que representa el 20% más rico de la población costarricense, acumular la riqueza socialmente producida.
La pobreza es un fenómeno estructural caracterizado, principalmente, por la carencia de acceso a la satisfacción de las necesidades básicas producto de la concentración de la riqueza en un sector sumamente reducido de la población nacional representada por el presidente de la República, Óscar Arias.
Si la pobreza le resta a la población la posibilidad de garantizar las condiciones mínimas de subsistencia y de ésta han establecido más que un negocio un estilo de vida y de acumulación y concentración de la riqueza socialmente producida, ¿con qué moral le dice el Presidente Arias a las empresas farmacéuticas que no aprovechen la coyuntura actual que se presenta con la fiebre porcina? En lo personal creo que más que la preocupación del actual gobierno de la República por la cantidad de personas que podrían verse afectadas por la fiebre porcina, es la cantidad de personas que podrían dejar de garantizar el negocio del cual han sacado provecho durante los últimos 20 años. Si se han comportado con tal cinismo durante el período anteriormente señalado, ¿porqué pensar que habrían de cambiar precisamente en este momento?
Unas de las principales estrategias que el capitalismo ha mostrado ante las crisis económicas y política de las burguesías occidentales ha sido la capacidad de reinventarse, pero ante la actual crisis económica, quizá la mayor que haya enfrentado la historia del capitalismo, existe la necesidad de desviar la atención hacia otros temas y esperar que un milagro o la fiebre porcina les dé un respiro.
La incapacidad de gobernabilidad que ha demostrado el actual gobierno de la República, el desinterés por los problemas de fondo que aquejan a la sociedad costarricense, la incapacidad por responder a la actual crisis económica a nivel local, les permite encontrar en la fiebre porcina un aliado en cuanto a desvío de atención se refiere.
Si bien a la fiebre porcina hay que prestarle atención debemos tener en cuenta que más desastrosa y mortal que ella es la pobreza que experimenta un amplio sector de la sociedad costarricense. Señor Presidente Arias, no intente USTED desviar la atención de los problemas reales que enfrenta nuestro país tratando de sacar provecho de la actual coyuntura.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario