Ernesto Herra Castro
La Guerra contra el narcotráfico es, desde sus inicios, una guerra perdida. Sin embargo, justifica la intervención militar del ejército de los Estados Unidos en cualquier espacio del continente americano.
A partir de la puesta en marcha de la doctrina Monroe, en el primer decenio del siglo XX, los Estados Unidos se auto asignaron el derecho de intervenir en aquellos países que consideraran “políticamente inestables”, la lucha contra el narcotráfico legitima su presencia imperial en la región centroamericana.
Si bien es cierto, el papel de los Estados Unidos, a través de los principales organismos financieros internacionales, cumplieron un papel fundamental en la aplicación de las políticas macroeconómicas impulsadas por las administraciones Tatcher (1979-1990) y Reagan (1981-1989) durante la década de los años 80 del siglo anterior, los sectores de la burguesía centroamericana tuvieron la principal responsabilidad en el desmantelamiento de las plataformas estatales que en la actualidad han incrementado los índices de pobreza a nivel regional. Sin embargo, el papel de los sectores burgueses de la región centroamericana se enfocó en la articulación plena del conjunto de los países de la región en la dinámica de la acumulación del capital. Para ello se impulsó, por parte de los distintos sectores de la burguesía centroamericana, un proceso basado en la disminución de la importancia que había jugado el trabajo en el producto social, lo cual se desarrolló en base al incumplimiento de los derechos de las y los trabajadores regionales, entre ellos el pago del salario mínimo, el cual ha pauperizado las condiciones de vida del conjunto de la población trabajadora centroamericana, así como ha aumentado las tasas de ganancia de la burguesía regional.
A partir de la integración de la región centroamericana en la dinámica neoliberal, caracterizado por la consolidación de los monopolios y la lapidación definitiva de la libre competencia, el conjunto de los países del istmo se enrumbaron hacia un modelo caracterizado, principalmente, por la expulsión de su población (no es casualidad que el déficit económico de los países centroamericanos se financie, en mayor proporción, por las remesas enviadas por la población emigrante centroamericana en los cuales Nicaragua y Costa Rica son parte de esta realidad).
El contexto de tensión que experimentan estos dos países en la actualidad, no es más que el conflicto entre dos sectores de la burguesía regional centroamericana cuyos intereses se ven confrontados.
La presencia militar de los Estados Unidos en Costa Rica, justificada de manera ilusa como parte de la estrategia de la guerra contra el narcotráfico, no significa más que el reposicionamiento del imperialismo estadounidense en la región centroamericana. Lo anterior ha dado como resultado la instalación de una base militar en Costa Rica ante la pérdida del control geopolítico que este país ha experimentado durante la última década en América Latina, principalmente en el sur.
Si bien, Nicaragua es un país con una dinámica estatal administrada por un sector de la burguesía claramente integrada con los circuitos de reproducción del capital, no deja de ser cierto que los Estados Unidos invadieron en más de tres oportunidades a este país sólo durante el siglo XX, lo que justifica, aún con las pérdidas ambientales, el cierre del acceso que tiene Nicaragua por el Mar Caribe, vía río San Juan, hacia su territorio.
Los sectores de la burguesía costarricense, beneplácitos históricamente con los intereses del imperialismo estadounidense, llegaron al punto de facturar un millón de dólares diarios provenientes de los Estados Unidos a cambio de facilitar la presencia de contras, militares e inteligencia estadounidense en territorio de Costa Rica durante y después de la Revolución Sandinista. Esto no lo olvidan ni los nicaragüenses ni los sectores burgueses que hoy administran este país. Lo que sí es cierto aquí es que mientras la burguesía costarricense trata de hacer pensar a su población de lo que aquí está en juego es la defensa de la soberanía nacional, de lo que se trata es de defender el proyecto de expansión del imperialismo estadounidense que amenaza abiertamente la seguridad, estabilidad y soberanía nacional de ambos países.
El giro cualitativo que ha dado Costa Rica al permitir convertir su país en una base militar estadounidense urge de la más sincera reacción y movilización de los pueblos de Nicaragua y Costa Rica al margen del conflicto que entrañan los sectores burgueses que hoy administran sus países, principalmente porque seremos los pueblos los que pagaremos las consecuencias de la nefasta política asumida por la administración Chinchilla con el beneplácito del parlamento costarricense.
Ni el pueblo de Costa Rica ni el de Nicaragua tienen porqué intervenir, herirse u ofenderse por el conflicto que experimentan en la actualidad sus gobiernos. Los pueblos de Nicaragua y Costa Rica, hemos demostrado, por más de veinte años, tener capacidad de convivir e intercambiar culturalmente en el ámbito de la solidaridad.
Si el gobierno de Costa Rica quiere defender su soberanía nacional y el medio ambiente debería comenzar por expulsar a las tropas armadas norteamericanas que se afincan hoy en territorio costarricense y que atentan contra la estabilidad entre los pueblos de Nicaragua y Costa Rica. Asimismo, debería decretar el cierre incondicional del proyecto minero crucitas, ejecutado por Industrias Infinito, por atentar contra la potabilidad del recurso hídrico en la zona norte de este país así como la contaminación de mantos acuíferos del cual también se benefician las y los nicaragüenses.
Ante la actual ofensiva estadounidense en tierra costarricense, el gobierno de Nicaragua debe solicitar la expulsión del ejército estadounidense del territorio costarricense sin condiciones porque esto atenta contra su soberanía. Asimismo, el gobierno de Costa Rica debe expulsar del territorio nacional a las tropas militares estadounidenses que hoy atentan contra su soberanía.
Nicaragüenses y costarricenses debemos tener la capacidad de entender que este no es un problema de nuestros pueblos vecinos y hermanos. Por el contrario, es un problema de dos sectores de la burguesía regional que hoy se confrontan entre sí. Permitamos, con gusto y tranquilidad, que sean los propios sectores de la burguesía binacional quienes se devoren de una vez por todas.
La mano oscura de los hermanos Arias
Ernesto Herra Castro
Mucho ha padecido Costa Rica bajo la mano oscura de los hermanos Arias. El primer golpe lo experimentó durante la década de los años ochenta con la implementación de los Proyectos de Ajuste Estructural que recortaron, sistemáticamente, la posibilidad de realizar inversión en el sector público, específicamente en salud, educación, vivienda, cultura e infraestructura. No es casualidad que hoy nuestro país tenga tantas deficiencias en cada uno de los campos anteriormente señalados.
El segundo golpe lo experimentó también durante la primera gestión del presidente Arias en la Guerra Centroamericana de la cual, con el costo de la sangre del pueblo salvadoreño y nicaragüense, principalmente, se hizo acreedor de un premio Nobel de la paz, que culminó siendo un reconocimiento de las principales potencias económicas del capitalismo metropolitano por garantizarles la posibilidad de establecer cedes de sus principales empresas en la región aún cuando esto significase negociar la traición de las dirigencias revolucionarias centroamericanas con sus bases sociales.
El tercer golpe de los hermanos Arias contra la institucionalidad democrática costarricense fue durante el proceso impulsado por ellos mismos para garantizar la reelección en Costa Rica. Aún cuando el único poder de nuestro país que puede modificar el texto de nuestra máxima carta de entendimiento, la Constitución Política, es el Poder Legislativo, los hermanos Arias, basados en procesos espurios y fraudulentos, garantizaron la modificación de la Constitución Política a manos de la Sala Cuarta, la cual se ha confirmado, a través de los cables de wikileaks, ha actuado de manera muy cercana a los intereses de los hermanos Arias. Según lo anterior no es difícil comprender cómo el artículo 132 de nuestra Constitución Política siga prohibiendo la reelección presidencial pero que contenga una nota al pie, establecido por la Sala Cuarta a solicitud del expresidentes Arias, donde se permite la reelección como si se tratase de cualquier sorteo televisivo donde en letras muy pequeñas se puede descifrar un “se aplican restricciones”.
Un cuarto golpe rotundo de los hermanos Arias contra la institucionalidad democrática lo ubicamos en el proceso fraudulento del referéndum del TLC entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana, el cual fue orquestado por la Embajada de los Estados Unidos y Casa presidencial, confirmado hoy por los cables de wikileaks.
Hoy el hermano menor de los Arias, en su ansiada carrera por satisfacer una vez más su sed de poder, ha desentramado la institucionalidad democrática de nuestro primer poder de representación popular. Lo hace a base de triquiñuelas e, incluso, en contra de su propio partido, el cual se encuentra hoy fraccionado casi a la mitad en la Asamblea Legislativa. Digo “casi” porque aún cuando la señora Laura Chinchilla ha sido electa como presidente de Costa Rica, buena parte de las y los diputados liberacionistas del congreso responden a los intereses de Arias cuyo principal testaferro lo podemos ubicar el Víctor Hugo Víquez.
Lo ocurrido el primero de mayo en este país es un intento más del Partido Liberación Nacional por hacer lo que tantas veces en el pasado ha hecho: triquiñuelas. Sin embargo, esta vez el país lo ha visto televisado y en vivo a lo largo y ancho del territorio nacional. Quisieron, en ausencia de quórum, sin discusión, debate y al margen de los procesos reglamentados por la propia Asamblea Legislativa y la Constitución Política, sembrar a Villanueva como presidente del parlamento. Lo más serio del caso es que lo hicieron.
El primero de mayo de 2011 será recordado por las y los costarricenses que vivimos la marcha del día del trabajador como el día en que el partido Liberación Nacional le dio un golpe de Estado técnico a nuestro primer poder de la República, sin importar que en este país, aún con sus limitaciones evidentes, las y los costarricenses también deciden.
El golpe de Estado técnico que experimentamos las y los costarricenses este primero de mayo sólo fue revertido por la presión que experimentó este fraudulento partido por la población trabajadora que se encontraba postrada fuera de la Asamblea Legislativa exigiendo la salido de Villanueva.
El lunes 2 de mayo, no sólo amanecimos sin un directorio para el Congreso, sino que hemos amanecido con una combinación de sentimientos que oscilan entre el triunfo, de haber logrado sacar a Villanueva de su intento golpista, y la derrota, por saber que esta serie de mecanismos no cesarán en Costa Rica a menos que desaparezcan las malas prácticas a las que tanto están acostumbrados el Partido Liberación Nacional y los hermanos Arias.
Quizá, esta sensación de triunfo deba prevalecer en la lucha activa de las y los trabajadores por enfrentar los vestigios de la herencia oligárquica que permanecen aún en Costa Rica. Quizá, en un futuro próximo, seamos las y los trabajadores, y no los empresarios, que gobernemos Costa Rica.
Mucho ha padecido Costa Rica bajo la mano oscura de los hermanos Arias. El primer golpe lo experimentó durante la década de los años ochenta con la implementación de los Proyectos de Ajuste Estructural que recortaron, sistemáticamente, la posibilidad de realizar inversión en el sector público, específicamente en salud, educación, vivienda, cultura e infraestructura. No es casualidad que hoy nuestro país tenga tantas deficiencias en cada uno de los campos anteriormente señalados.
El segundo golpe lo experimentó también durante la primera gestión del presidente Arias en la Guerra Centroamericana de la cual, con el costo de la sangre del pueblo salvadoreño y nicaragüense, principalmente, se hizo acreedor de un premio Nobel de la paz, que culminó siendo un reconocimiento de las principales potencias económicas del capitalismo metropolitano por garantizarles la posibilidad de establecer cedes de sus principales empresas en la región aún cuando esto significase negociar la traición de las dirigencias revolucionarias centroamericanas con sus bases sociales.
El tercer golpe de los hermanos Arias contra la institucionalidad democrática costarricense fue durante el proceso impulsado por ellos mismos para garantizar la reelección en Costa Rica. Aún cuando el único poder de nuestro país que puede modificar el texto de nuestra máxima carta de entendimiento, la Constitución Política, es el Poder Legislativo, los hermanos Arias, basados en procesos espurios y fraudulentos, garantizaron la modificación de la Constitución Política a manos de la Sala Cuarta, la cual se ha confirmado, a través de los cables de wikileaks, ha actuado de manera muy cercana a los intereses de los hermanos Arias. Según lo anterior no es difícil comprender cómo el artículo 132 de nuestra Constitución Política siga prohibiendo la reelección presidencial pero que contenga una nota al pie, establecido por la Sala Cuarta a solicitud del expresidentes Arias, donde se permite la reelección como si se tratase de cualquier sorteo televisivo donde en letras muy pequeñas se puede descifrar un “se aplican restricciones”.
Un cuarto golpe rotundo de los hermanos Arias contra la institucionalidad democrática lo ubicamos en el proceso fraudulento del referéndum del TLC entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana, el cual fue orquestado por la Embajada de los Estados Unidos y Casa presidencial, confirmado hoy por los cables de wikileaks.
Hoy el hermano menor de los Arias, en su ansiada carrera por satisfacer una vez más su sed de poder, ha desentramado la institucionalidad democrática de nuestro primer poder de representación popular. Lo hace a base de triquiñuelas e, incluso, en contra de su propio partido, el cual se encuentra hoy fraccionado casi a la mitad en la Asamblea Legislativa. Digo “casi” porque aún cuando la señora Laura Chinchilla ha sido electa como presidente de Costa Rica, buena parte de las y los diputados liberacionistas del congreso responden a los intereses de Arias cuyo principal testaferro lo podemos ubicar el Víctor Hugo Víquez.
Lo ocurrido el primero de mayo en este país es un intento más del Partido Liberación Nacional por hacer lo que tantas veces en el pasado ha hecho: triquiñuelas. Sin embargo, esta vez el país lo ha visto televisado y en vivo a lo largo y ancho del territorio nacional. Quisieron, en ausencia de quórum, sin discusión, debate y al margen de los procesos reglamentados por la propia Asamblea Legislativa y la Constitución Política, sembrar a Villanueva como presidente del parlamento. Lo más serio del caso es que lo hicieron.
El primero de mayo de 2011 será recordado por las y los costarricenses que vivimos la marcha del día del trabajador como el día en que el partido Liberación Nacional le dio un golpe de Estado técnico a nuestro primer poder de la República, sin importar que en este país, aún con sus limitaciones evidentes, las y los costarricenses también deciden.
El golpe de Estado técnico que experimentamos las y los costarricenses este primero de mayo sólo fue revertido por la presión que experimentó este fraudulento partido por la población trabajadora que se encontraba postrada fuera de la Asamblea Legislativa exigiendo la salido de Villanueva.
El lunes 2 de mayo, no sólo amanecimos sin un directorio para el Congreso, sino que hemos amanecido con una combinación de sentimientos que oscilan entre el triunfo, de haber logrado sacar a Villanueva de su intento golpista, y la derrota, por saber que esta serie de mecanismos no cesarán en Costa Rica a menos que desaparezcan las malas prácticas a las que tanto están acostumbrados el Partido Liberación Nacional y los hermanos Arias.
Quizá, esta sensación de triunfo deba prevalecer en la lucha activa de las y los trabajadores por enfrentar los vestigios de la herencia oligárquica que permanecen aún en Costa Rica. Quizá, en un futuro próximo, seamos las y los trabajadores, y no los empresarios, que gobernemos Costa Rica.
Para una Costa Rica íntegra, sostenible y pacífica será necesario sacar a los ricos del poder
Ernesto Herra Castro
En días resientes el Partido Liberación Nacional, desde hace seis años en la administración de la cosa pública, ha presentado ante la comunidad nacional la Política Integral y Sostenible de Seguridad Ciudadana y Promoción de la Paz Social para Costa Rica (POLSEPAZ). Esta política es el resultado de un proceso de consulta en el que han participado más de dos mil quinientas personas de diversos sectores y organizaciones sociales del país de las cuales se desprenden 6 líneas específicas de acción: “desarrollo de acciones para superar las condiciones de vulnerabilidad social frente al delito y la violencia; la creación de espacios y condiciones para fortalecer una cultura de paz social y desarrollo humano; la creación de capacidades en las instituciones del Estado para contar con niveles de eficiencia óptimos para garantizar la seguridad ciudadana; el desarrollo de acciones para eliminar las formas más próximas de violencia y victimización; la atención efectiva, reparación y restauración a las víctimas de la violencia y el delito; y la desarticulación de las redes criminales del narcotráfico y otras formas de delincuencia organizada”.
A partir de la primera de estas tareas es que deseo establecer una discusión inicial.
Lo primero que me gustaría señalar es que en el viraje de modelo económico establecido a partir de la década de los años ochenta, Costa Rica se enrumbó hacia un proceso de mayor integración con la economía planetaria, la cual terminó siendo, en primera instancia, un proceso destinado al mayor enriquecimiento de los grupos de poder económico de la región centroamericana a partir de la privatización de las principales instituciones del Estado y de la consecuente apropiación de las mismas por parte de los grupos anteriormente mencionados. Hoy, estos grupos, articulados política y económicamente entre sí, han logrado consolidar la región centroamericana como aquel espacio geográfico del continente americano donde mayor se acentúan las contradicciones sociales y económicas. Este elemento anterior si bien significa que hoy existe mayor cantidad de pobres en la región centroamericana, también significa que hay un nuevo sector de la población regional que ha logrado consolidar grandes fortunas económicas a partir del vínculo cercano que han establecido con la administración del Estado (léase el texto “globalización, Estado y privatización” de Benedicte Bull). Hoy, los principales grupos de poder económico se han logrado consolidar en toda la región centroamericana a partir de una mayor integración con los principales centros económicos del transnacionalismo financiero. Entre los principales grupos de poder económico regional se pueden mencionar hoy: el Grupo Adoc (El Salvador), Agrisal (El Salvador), Banco Agrícola (El Salvador), Banistmo (Panamá), Cabcorp (Guatemala), Cervecería Centroamericana (Guatemala), Carrion (Honduras), Corporación Supermercados Unidos (Costa Rica), Cressida (Honduras), Cuscatlán (El Salvador), Durman Esquivel (Costa Rica), Sama (Costa Rica), Motta (Panamá), Pellas (Nicaragua), Poma (El Salvador), Taca (El Salvador), Novella (Guatemala).
Si pensáramos tan sólo un momento sobre la primera de las acciones concretas planteadas en la política señalada en un comienzo y con la cual el Partido Liberación Nacional piensa dirigir la política de seguridad durante los próximos diez años, podemos estar seguras y seguros que ninguno de estos grupos deberá pagar mayores cargas tributarias aún cuando esto sería un mensaje contundente hacia la población nacional en el “desarrollo de acciones para superar las condiciones de vulnerabilidad social frente al delito y la violencia”. También podemos estar seguros que en ningún espacio de la presente política el Partido Liberación Nacional ha pensado en establecer mecanismos punitivos y de reinserción en la sociedad a todos aquellos políticos de su partido (y otros, porque tampoco escapan el resto) que haciendo uso incorrecto de una relación de poder utilice vías no aptas para asegurarse un trato diferenciado en procesos judiciales que tenga abiertos (y esto claramente se trata del caso de Rodrigo Arias). Podemos estar seguros y seguras que las cargas tributarias, sólo pensando en el cumplimiento de este primer punto, tampoco afectará a aquellos sectores de la política nacional que controlan, a su antojo, las concesiones de obra pública, el pago de impuestos proporcionales en los espacios denominados “zonas francas”, las cuales al día de hoy siguen desempeñándose en regímenes de exención fiscal que les permite, a diferencia de la población nacional, ser patrones privados subvencionados por el pueblo trabajador costarricense. También podremos estar seguras y seguros que las malas prácticas del pasado, entre las cuales se incluyen pago de consultorías a Magistrados de la Sala Cuarta en el contexto del TLC, abuso del poder y promesas inconclusas en el contexto del TLC y fuera de él (entre las que podemos mencionar oferta de bonos de vivienda, motos BMW, mayores salarios, menor criminalidad, etc.), tampoco han sido elementos contemplados como parte de las acciones concretas que asumirá el Estado con la presente política. Tampoco podremos esperar de parte del Ejecutivo una posición que favorezca las condiciones salariales y laborales de la clase trabajadora. Esto sería como “pedirle peras al olmo”.
Es muy interesante observar como, una vez más, el mismo partido político que nos hundió con todo y barco, piensa en la posibilidad de cumplir tan solo con el primer punto sin pensar en la posibilidad de tocarles a los ricos su bolsa ¿Tendrá esto que ver con que son estos mismos ricos quienes les han financiado sus campañas en el pasado?
Para una Costa Rica íntegra, sostenible y pacífica la primera tarea debe ser sacar a los ricos del poder.
En días resientes el Partido Liberación Nacional, desde hace seis años en la administración de la cosa pública, ha presentado ante la comunidad nacional la Política Integral y Sostenible de Seguridad Ciudadana y Promoción de la Paz Social para Costa Rica (POLSEPAZ). Esta política es el resultado de un proceso de consulta en el que han participado más de dos mil quinientas personas de diversos sectores y organizaciones sociales del país de las cuales se desprenden 6 líneas específicas de acción: “desarrollo de acciones para superar las condiciones de vulnerabilidad social frente al delito y la violencia; la creación de espacios y condiciones para fortalecer una cultura de paz social y desarrollo humano; la creación de capacidades en las instituciones del Estado para contar con niveles de eficiencia óptimos para garantizar la seguridad ciudadana; el desarrollo de acciones para eliminar las formas más próximas de violencia y victimización; la atención efectiva, reparación y restauración a las víctimas de la violencia y el delito; y la desarticulación de las redes criminales del narcotráfico y otras formas de delincuencia organizada”.
A partir de la primera de estas tareas es que deseo establecer una discusión inicial.
Lo primero que me gustaría señalar es que en el viraje de modelo económico establecido a partir de la década de los años ochenta, Costa Rica se enrumbó hacia un proceso de mayor integración con la economía planetaria, la cual terminó siendo, en primera instancia, un proceso destinado al mayor enriquecimiento de los grupos de poder económico de la región centroamericana a partir de la privatización de las principales instituciones del Estado y de la consecuente apropiación de las mismas por parte de los grupos anteriormente mencionados. Hoy, estos grupos, articulados política y económicamente entre sí, han logrado consolidar la región centroamericana como aquel espacio geográfico del continente americano donde mayor se acentúan las contradicciones sociales y económicas. Este elemento anterior si bien significa que hoy existe mayor cantidad de pobres en la región centroamericana, también significa que hay un nuevo sector de la población regional que ha logrado consolidar grandes fortunas económicas a partir del vínculo cercano que han establecido con la administración del Estado (léase el texto “globalización, Estado y privatización” de Benedicte Bull). Hoy, los principales grupos de poder económico se han logrado consolidar en toda la región centroamericana a partir de una mayor integración con los principales centros económicos del transnacionalismo financiero. Entre los principales grupos de poder económico regional se pueden mencionar hoy: el Grupo Adoc (El Salvador), Agrisal (El Salvador), Banco Agrícola (El Salvador), Banistmo (Panamá), Cabcorp (Guatemala), Cervecería Centroamericana (Guatemala), Carrion (Honduras), Corporación Supermercados Unidos (Costa Rica), Cressida (Honduras), Cuscatlán (El Salvador), Durman Esquivel (Costa Rica), Sama (Costa Rica), Motta (Panamá), Pellas (Nicaragua), Poma (El Salvador), Taca (El Salvador), Novella (Guatemala).
Si pensáramos tan sólo un momento sobre la primera de las acciones concretas planteadas en la política señalada en un comienzo y con la cual el Partido Liberación Nacional piensa dirigir la política de seguridad durante los próximos diez años, podemos estar seguras y seguros que ninguno de estos grupos deberá pagar mayores cargas tributarias aún cuando esto sería un mensaje contundente hacia la población nacional en el “desarrollo de acciones para superar las condiciones de vulnerabilidad social frente al delito y la violencia”. También podemos estar seguros que en ningún espacio de la presente política el Partido Liberación Nacional ha pensado en establecer mecanismos punitivos y de reinserción en la sociedad a todos aquellos políticos de su partido (y otros, porque tampoco escapan el resto) que haciendo uso incorrecto de una relación de poder utilice vías no aptas para asegurarse un trato diferenciado en procesos judiciales que tenga abiertos (y esto claramente se trata del caso de Rodrigo Arias). Podemos estar seguros y seguras que las cargas tributarias, sólo pensando en el cumplimiento de este primer punto, tampoco afectará a aquellos sectores de la política nacional que controlan, a su antojo, las concesiones de obra pública, el pago de impuestos proporcionales en los espacios denominados “zonas francas”, las cuales al día de hoy siguen desempeñándose en regímenes de exención fiscal que les permite, a diferencia de la población nacional, ser patrones privados subvencionados por el pueblo trabajador costarricense. También podremos estar seguras y seguros que las malas prácticas del pasado, entre las cuales se incluyen pago de consultorías a Magistrados de la Sala Cuarta en el contexto del TLC, abuso del poder y promesas inconclusas en el contexto del TLC y fuera de él (entre las que podemos mencionar oferta de bonos de vivienda, motos BMW, mayores salarios, menor criminalidad, etc.), tampoco han sido elementos contemplados como parte de las acciones concretas que asumirá el Estado con la presente política. Tampoco podremos esperar de parte del Ejecutivo una posición que favorezca las condiciones salariales y laborales de la clase trabajadora. Esto sería como “pedirle peras al olmo”.
Es muy interesante observar como, una vez más, el mismo partido político que nos hundió con todo y barco, piensa en la posibilidad de cumplir tan solo con el primer punto sin pensar en la posibilidad de tocarles a los ricos su bolsa ¿Tendrá esto que ver con que son estos mismos ricos quienes les han financiado sus campañas en el pasado?
Para una Costa Rica íntegra, sostenible y pacífica la primera tarea debe ser sacar a los ricos del poder.
La democracia costarricense: entre desigualdades, águilas y caracoles
Ernesto Herra Castro
Duele reconocerlo, sobre todo cuando somos las y los trabajadores quienes asumimos el costo del déficit de una lógica que no tiene mayor sentido que el de la acumulación exacerbada de los grupos de poder económico y político que se extienden a lo largo y ancho de nuestra región centroamericana.
Duela más reconocer, que en este proceso, la dinámica política se ha aislado cada vez más de las principales tesis del proyecto democrático y se ha ensañado en hacernos pensar que no hay más democracia que la de la de ir a elegir un nuevo administrador de los intereses del capital transnacional cada cuatro años; y que no hay participación más valiosa que la que ejercen los individuos, de manera aislada, en las plataformas tecnológicas que hoy se posicionan como un imperante en la dinámica del mercado.
El mensaje es contundente: organícense en el ciberespacio para que los quejumbrosos dejen circular con libertad a las mercancías.
La racionalidad del tipo de organización democrática que experimentamos en la actualidad ha roto con las viejas premisas establecidas en la antigua Grecia. Hoy la democracia ha sido raptada y revestida de mercado con el apoyo incondicional de los burócratas y tecnócratas que posicionan el intercambio comercial por encima de la paz social.
Es triste ver cómo los intereses y necesidades de los individuos son “recogidos” en millonarios procesos de consultorías discrecionales que poco o nada le aportan a la transformación de las condiciones de desigualdad que experimentamos las y los trabajadores. Sin embargo, estos mecanismos se han convertido en un negocio sin precedentes para aquellas y aquellos que allegados al poder económico y político, dejan de lado el ideario democrático para hacerse fieles devotos de la dinámica del mercado, aún cuando decenas de miles de compatriotas vivan sin cubrir sus necesidades básicas.
Si bien la democracia como elemento discursivo parece aún jugar un papel fundamental en la dinámica electoral de los partidos políticos, entre ellos el Partido Liberación Nacional, la realidad social da muestras que la libertad, la igualdad y la fraternidad son aplicables sólo en la medida que las y los sujetos tengan los recursos económicos para poder comprarlos. Este mensaje “democrático” no sólo es violento, sino que es contradictorio y sumamente peligroso.
El discurso “social demócrata”, al que hace alusión el señor Víctor Hugo Víquez en respuesta descalificativa a uno de mis artículos publicados recientemente por este medio, señala que ha sido necesaria la “modernización de los principios y valores, para una social democracia moderna y acorde al nuevo mundo inmerso en una revolución científica y tecnológica que nos permita un crecimiento económico de la mano de la distribución de la riqueza como fundamento de la paz social”. Sin embargo, no hace énfasis el señor Víquez en su texto, de los cientos de miles de costarricenses que han quedado excluidas y excluidos de los mecanismos y derechos democráticos incorporados en nuestra Constitución Política.
Los elementos discursivos a los que el señor Víquez apela sólo quedan reflejadas en los textos y discursos a los que tan acostumbrados nos tiene ya el Partido Liberación Nacional. Los deja en el papel porque le da temor que los cientos de miles de “caracoles” piensen en libertad y se organicen política y democráticamente en contra de los intereses del “águila” y de su grupo de protectores.
En esta “nueva” lógica “social demócrata” la distribución de la riqueza se ha concentrado como nunca antes en nuestra historia nacional, manteniéndose por encima del 0,400 a partir de 1999 según el coeficiente de Gini que mide la desigualdad entre ricos y pobres (Estado Nación, 2004: 49). Lo anterior permite comprender cómo Costa Rica hoy es el país latinoamericano donde la desigualdad ha crecido con mayor celeridad; mientras que la paz social se posiciona como uno de los principales ausentes, posicionándose la inseguridad como la principal carencia señalada por la población nacional.
Las manifestaciones fenoménicas de desigualdad que se nos muestran en el 2011 son el claro reflejo de las contradicciones históricas, políticas, económicas y sociales que se han venido construyendo a través del tiempo. Si al señor Víquez, por su posición de cabildero de los intereses de los hermanos Arias dentro del Congreso no le agrada el análisis científico de lo social es evidente, sin embargo, la realidad que tenemos hoy no se muestra como para ensalzar la figura de quien tanto daño le ha hecho a este país. Sin embargo, es importante señalar y recordar, con claro acento en la memoria histórica, que el hito que marca el inicio de la aceleración en la desigualdad económica y social en Costa Rica lo constituye precisamente el primer gobierno de Óscar Arias que termina por afianzarse durante su segundo mandato. Si la paz social ha sido el fundamento de la modernización de sus principios éticos y filosóficos enmarcados en las transformaciones de la globalización, hoy el Partido Liberación Nacional debe estar claro que sus aportes a este país están articulados con el incremento de la concentración de la riqueza, la desigualdad social y económica. Si de esto se trataba la social democracia el Partido Liberación Nacional puede estar satisfecho al ver su sueño concluido.
Mientras uno de cada tres trabajadores no gane el salario mínimo estipulado por Ley; mientras que el aumento en los salarios del sector público no alcance el índice inflacionario; mientras que los intereses de la población nacional sigan sin tener respuestas; mientras que la lógica democrática siga beneficiando a los intereses privados y no a los colectivos; mientras los mecanismos de elección popular sigan siendo violentados (tal como lo vimos en el referendo del TLC); mientras que la Constitución Política siga siendo violentada por quienes han prometido mediante juramentación defenderla; mientras la contradicción económica y social crezcan; mientras que las y los trabajadores del sector privado carezcan de posibilidades reales de sindicalización; mientras que la inseguridad siga siendo parte de la vida cotidiana de las y los costarricenses, señor Víquez, le aseguro que decenas de miles de costarricenses seguiremos soñando con alcanzar la democracia.
Hoy, la democracia costarricense, inmersa en una dinámica de “águilas y caracoles”, ha dejado en evidencia que las “águilas” ya no quieren debatir sobre la democracia, quieren que las y los caracoles la asumamos como un hecho consumado en la lógica del mercado. Nos corresponderá a las y los “caracoles” reivindicar, a viva voz y de manera organizada, la libertad y el vuelo de la democracia de los excluidos.
Duele reconocerlo, sobre todo cuando somos las y los trabajadores quienes asumimos el costo del déficit de una lógica que no tiene mayor sentido que el de la acumulación exacerbada de los grupos de poder económico y político que se extienden a lo largo y ancho de nuestra región centroamericana.
Duela más reconocer, que en este proceso, la dinámica política se ha aislado cada vez más de las principales tesis del proyecto democrático y se ha ensañado en hacernos pensar que no hay más democracia que la de la de ir a elegir un nuevo administrador de los intereses del capital transnacional cada cuatro años; y que no hay participación más valiosa que la que ejercen los individuos, de manera aislada, en las plataformas tecnológicas que hoy se posicionan como un imperante en la dinámica del mercado.
El mensaje es contundente: organícense en el ciberespacio para que los quejumbrosos dejen circular con libertad a las mercancías.
La racionalidad del tipo de organización democrática que experimentamos en la actualidad ha roto con las viejas premisas establecidas en la antigua Grecia. Hoy la democracia ha sido raptada y revestida de mercado con el apoyo incondicional de los burócratas y tecnócratas que posicionan el intercambio comercial por encima de la paz social.
Es triste ver cómo los intereses y necesidades de los individuos son “recogidos” en millonarios procesos de consultorías discrecionales que poco o nada le aportan a la transformación de las condiciones de desigualdad que experimentamos las y los trabajadores. Sin embargo, estos mecanismos se han convertido en un negocio sin precedentes para aquellas y aquellos que allegados al poder económico y político, dejan de lado el ideario democrático para hacerse fieles devotos de la dinámica del mercado, aún cuando decenas de miles de compatriotas vivan sin cubrir sus necesidades básicas.
Si bien la democracia como elemento discursivo parece aún jugar un papel fundamental en la dinámica electoral de los partidos políticos, entre ellos el Partido Liberación Nacional, la realidad social da muestras que la libertad, la igualdad y la fraternidad son aplicables sólo en la medida que las y los sujetos tengan los recursos económicos para poder comprarlos. Este mensaje “democrático” no sólo es violento, sino que es contradictorio y sumamente peligroso.
El discurso “social demócrata”, al que hace alusión el señor Víctor Hugo Víquez en respuesta descalificativa a uno de mis artículos publicados recientemente por este medio, señala que ha sido necesaria la “modernización de los principios y valores, para una social democracia moderna y acorde al nuevo mundo inmerso en una revolución científica y tecnológica que nos permita un crecimiento económico de la mano de la distribución de la riqueza como fundamento de la paz social”. Sin embargo, no hace énfasis el señor Víquez en su texto, de los cientos de miles de costarricenses que han quedado excluidas y excluidos de los mecanismos y derechos democráticos incorporados en nuestra Constitución Política.
Los elementos discursivos a los que el señor Víquez apela sólo quedan reflejadas en los textos y discursos a los que tan acostumbrados nos tiene ya el Partido Liberación Nacional. Los deja en el papel porque le da temor que los cientos de miles de “caracoles” piensen en libertad y se organicen política y democráticamente en contra de los intereses del “águila” y de su grupo de protectores.
En esta “nueva” lógica “social demócrata” la distribución de la riqueza se ha concentrado como nunca antes en nuestra historia nacional, manteniéndose por encima del 0,400 a partir de 1999 según el coeficiente de Gini que mide la desigualdad entre ricos y pobres (Estado Nación, 2004: 49). Lo anterior permite comprender cómo Costa Rica hoy es el país latinoamericano donde la desigualdad ha crecido con mayor celeridad; mientras que la paz social se posiciona como uno de los principales ausentes, posicionándose la inseguridad como la principal carencia señalada por la población nacional.
Las manifestaciones fenoménicas de desigualdad que se nos muestran en el 2011 son el claro reflejo de las contradicciones históricas, políticas, económicas y sociales que se han venido construyendo a través del tiempo. Si al señor Víquez, por su posición de cabildero de los intereses de los hermanos Arias dentro del Congreso no le agrada el análisis científico de lo social es evidente, sin embargo, la realidad que tenemos hoy no se muestra como para ensalzar la figura de quien tanto daño le ha hecho a este país. Sin embargo, es importante señalar y recordar, con claro acento en la memoria histórica, que el hito que marca el inicio de la aceleración en la desigualdad económica y social en Costa Rica lo constituye precisamente el primer gobierno de Óscar Arias que termina por afianzarse durante su segundo mandato. Si la paz social ha sido el fundamento de la modernización de sus principios éticos y filosóficos enmarcados en las transformaciones de la globalización, hoy el Partido Liberación Nacional debe estar claro que sus aportes a este país están articulados con el incremento de la concentración de la riqueza, la desigualdad social y económica. Si de esto se trataba la social democracia el Partido Liberación Nacional puede estar satisfecho al ver su sueño concluido.
Mientras uno de cada tres trabajadores no gane el salario mínimo estipulado por Ley; mientras que el aumento en los salarios del sector público no alcance el índice inflacionario; mientras que los intereses de la población nacional sigan sin tener respuestas; mientras que la lógica democrática siga beneficiando a los intereses privados y no a los colectivos; mientras los mecanismos de elección popular sigan siendo violentados (tal como lo vimos en el referendo del TLC); mientras que la Constitución Política siga siendo violentada por quienes han prometido mediante juramentación defenderla; mientras la contradicción económica y social crezcan; mientras que las y los trabajadores del sector privado carezcan de posibilidades reales de sindicalización; mientras que la inseguridad siga siendo parte de la vida cotidiana de las y los costarricenses, señor Víquez, le aseguro que decenas de miles de costarricenses seguiremos soñando con alcanzar la democracia.
Hoy, la democracia costarricense, inmersa en una dinámica de “águilas y caracoles”, ha dejado en evidencia que las “águilas” ya no quieren debatir sobre la democracia, quieren que las y los caracoles la asumamos como un hecho consumado en la lógica del mercado. Nos corresponderá a las y los “caracoles” reivindicar, a viva voz y de manera organizada, la libertad y el vuelo de la democracia de los excluidos.
El libro y las sociedades de la información y la comunicación
Ernesto Herra Castro
El pasado 23 de abril se celebró el día internacional del libro, sin embargo ¿cuál es la trascendencia de celebrar este día cuando aparentemente la tecnología va supliendo al mismo?
Los avances tecnológicos y la ciencia avanzan tan rápido como las necesidades humanas lo demandan. Algunas veces más lento, otras veces con mayor velocidad. Lo cierto del caso es que aún y cuando ha habido guerras, amores, encuentros, desencuentros, ha habido sueños, fantasías e ilusiones, los libros han recogido la esencia del momento y han logrado transmitirla a través de las generaciones.
Los libros han recogido, desde épocas inmemoriales, los legados culturales, los conocimientos, la fe, la historia.
Nos han guiado a través de viajes maravillosos desde antes que América fuese descubierta. Tal es el caso del Quijote que, al día de hoy, sigue siendo una obra clave, no sólo del español, sino una oda a la amistad, a la solidaridad, al amor, a la esperanza.
¿Recuerdan a Sancho impulsando a don Quijote para que siguiera adelante con sus hazañas y no se diera por vencido a pesar de que sabía que el Quijote estaba loco?
¿Recuerdan la famosa batalla de don Quijote con los gigantes que a la hora de la verdad no eran más que molinos de viento?
El libro recoge palabras que una a una van formando oraciones, frases, ideas, expresando sentimientos, transmitiendo sensaciones. El libro es herramienta de conocimiento, encierra el legado cultural de unos pueblos para con otros, de tiempos de la historia que no volveremos a vivir pero de los cuales podemos aprender para no cometer los mismos errores.
El libro es un ente vivo, que cambia de color con los años, acumula polvo a través del tiempo y nos deja ver su edad a través de su estado, su olor y sus arrugas. Nos recuerda a aquella persona que se enfrentó al reto de dejar su legado a la humanidad y que, aún y cuando su autor hace mucho se haya ido, sigue manteniendo un diálogo directo con el lector y le comparte su visión de mundo, sus sueños e ilusiones, sus miedos, amores y ambiciones.
A pesar de que la tecnología ha podido desarrollar redes de información y modos distintos de comunicarse, sin importar el tiempo y la distancia, sigue teniendo la particularidad de no estar al alcance de todas ni todos.
El libro, en este sentido, seguirá rompiendo barreras, haciéndose llegar hasta los espacios más recónditos del planeta, seguirá siendo escrito en todas las lenguas y dirigido a todas las culturas y clases sociales. Seguirá conectando, a través de sus páginas, a las personas del mundo entero. Seguirá encerrando sabiduría. Seguirá existiendo, aún y cuando la ciencia y la tecnología varíen tantas veces como sea necesario, por que el libro fue, es y seguirá siendo, en última instancia, la forma más palpable de conectarnos con lo que fuimos, somos y seremos.
El pasado 23 de abril se celebró el día internacional del libro, sin embargo ¿cuál es la trascendencia de celebrar este día cuando aparentemente la tecnología va supliendo al mismo?
Los avances tecnológicos y la ciencia avanzan tan rápido como las necesidades humanas lo demandan. Algunas veces más lento, otras veces con mayor velocidad. Lo cierto del caso es que aún y cuando ha habido guerras, amores, encuentros, desencuentros, ha habido sueños, fantasías e ilusiones, los libros han recogido la esencia del momento y han logrado transmitirla a través de las generaciones.
Los libros han recogido, desde épocas inmemoriales, los legados culturales, los conocimientos, la fe, la historia.
Nos han guiado a través de viajes maravillosos desde antes que América fuese descubierta. Tal es el caso del Quijote que, al día de hoy, sigue siendo una obra clave, no sólo del español, sino una oda a la amistad, a la solidaridad, al amor, a la esperanza.
¿Recuerdan a Sancho impulsando a don Quijote para que siguiera adelante con sus hazañas y no se diera por vencido a pesar de que sabía que el Quijote estaba loco?
¿Recuerdan la famosa batalla de don Quijote con los gigantes que a la hora de la verdad no eran más que molinos de viento?
El libro recoge palabras que una a una van formando oraciones, frases, ideas, expresando sentimientos, transmitiendo sensaciones. El libro es herramienta de conocimiento, encierra el legado cultural de unos pueblos para con otros, de tiempos de la historia que no volveremos a vivir pero de los cuales podemos aprender para no cometer los mismos errores.
El libro es un ente vivo, que cambia de color con los años, acumula polvo a través del tiempo y nos deja ver su edad a través de su estado, su olor y sus arrugas. Nos recuerda a aquella persona que se enfrentó al reto de dejar su legado a la humanidad y que, aún y cuando su autor hace mucho se haya ido, sigue manteniendo un diálogo directo con el lector y le comparte su visión de mundo, sus sueños e ilusiones, sus miedos, amores y ambiciones.
A pesar de que la tecnología ha podido desarrollar redes de información y modos distintos de comunicarse, sin importar el tiempo y la distancia, sigue teniendo la particularidad de no estar al alcance de todas ni todos.
El libro, en este sentido, seguirá rompiendo barreras, haciéndose llegar hasta los espacios más recónditos del planeta, seguirá siendo escrito en todas las lenguas y dirigido a todas las culturas y clases sociales. Seguirá conectando, a través de sus páginas, a las personas del mundo entero. Seguirá encerrando sabiduría. Seguirá existiendo, aún y cuando la ciencia y la tecnología varíen tantas veces como sea necesario, por que el libro fue, es y seguirá siendo, en última instancia, la forma más palpable de conectarnos con lo que fuimos, somos y seremos.
La Caja y la opción de defender lo nuestro
Ernesto Herra Castro
Hace ya algunos días que traté de establecer una suerte de respuesta, en el periódico costarricense La Prensa Libre, a Víctor Hugo Víquez, diputado del Partido Liberación Nacional, a un artículo que firma bajo su nombre en el cual se ensaña en descalificar mi lectura de los “aportes”, si es que podemos denominarles así, de los hermanos Arias a nuestro país en los últimos 30 años.
En la respuesta que le dirigí, y que por razones que me explico de alguna manera este medio no publicó, trataba de discutirle al señor Víquez respecto de la diferencia entre ideología-educativa y criterio científico de lo social, principalmente porque a aquellos que ostentan el monopolio de la verdad les enfada mucho que cualquier otro se la cuestione.
Además de la retórica del premio Nobel, que ya he cuestionado anteriormente en otros artículos publicados en este medio, los “aportes” sociales, económicos y políticos que le adjudica el señor Víquez a los hermanos Arias es más la respuesta evidente que como cabildero del menor de los hermanos se espera, sobre todo cuando la figura política de este último se encuentra en abierto estado de deterioro.
Aún cuando la historia “oficial” reciente, que defiende el señor Víquez, nos quiere hacer pensar sobre una Costa Rica pacífica y solidaria que se enrumba hacia el “progreso”, lo cierto del caso es que las y los jóvenes costarricenses tienen idearios de éxito que se asocian con la posibilidad de no vivir más en su propio país, como bien lo indican estudios universitarios publicados en el pasado reciente. Asimismo, la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana, no ha significado más que el recrudecimiento del mismo recetario que se ha impulsado fuertemente en nuestro país desde el mandato constitucional de Oscar Arias (1986-1990), ya que su segundo mandato habría que discutírselo en términos constitucionales, en el cual la desarticulación de las instituciones estatales fue medular. Lo anterior ha permitido garantizarle una posición privilegiada y diferenciada a un sector reducido de la población nacional respecto de la apropiación del excedente de la fuerza de trabajo de la población costarricense, de la apropiación de concesiones ofertadas por el sector público y de la apropiación cuestionada de amplios espacios de la zona marítimo terrestre de nuestro país, lo que le ha permitido a este sector articular sus intereses con los de los centros metropolitanos. Estos elementos anteriores son parte de las principales características de la dinámica política de los últimos 30 años. Los hermanos Arias, le enoje o no al señor Víquez, tienen vela en el entierro.
En los últimos días la presidenta Laura Chinchilla no ha tenido más opción que reconocer, ante la población nacional, que una de nuestras principales instituciones públicas, que nos ha dado salud, protección y resguardo a las y los trabajadores costarricenses desde 1941, se encuentra en crisis. La Caja de Seguro Social, una de las principales instituciones solidarias, no sólo de Costa Rica sino del mundo, ha sido el centro de los ataques sistemáticos de un grupo de tagarotes, pillos, ladrones y mafiosos políticos, no se lea incorrectamente políticos mafiosos, que en su intento de hacerse de lo que no es suyo y de enriquecerse a costas del trabajo ajeno sin esfuerzo y al margen de la ley, han ido restando posibilidad a la Caja de cumplir con su labor humanista y solidaria para con la población costarricense. Sin embargo, la crisis que atraviesa hoy la Caja no es un hecho particular, este, precisamente, es el síntoma de una crisis profunda que atraviesa el Estado costarricense, principalmente porque la administración de la cosa pública, durante los últimos 30 años, ha estado en manos de los mismos sectores que se han encargado en desarmar lo que por Constitución Política nos pertenece a todas y todos y hoy, irónicamente y sin descaro, se permiten en llamarnos o buscarnos en nuestros centros de trabajo o nuestros hogares para ofrecernos lo mismo que nos han quitado.
La crisis que experimenta hoy la Caja es el síntoma de una crisis que engloba las distintas instituciones del Estado. La sociedad costarricense dejó sus instituciones en manos de un minúsculo grupo de ricos privilegiados que habiendo estudiado en los principales centros ideológicos del liberalismo económico no hacen más que repetir las mismas recetas que hoy, ante los ojos del mundo y con respaldo del propio FMI, dan muestras de que el Consenso de Washington y el propio capitalismo han fracasado. Lastimosamente con ello también fracasaron nuestras instituciones.
Creo y sostengo que las y los trabajadores costarricenses podemos discutir y construir programas políticos conjuntos que nos permitan recuperar lo que es nuestro. La lucha por rescatar la Caja de Seguro Social costarricense nos da la opción de hacerlo. ¿Estaremos a la altura del contexto?
Hace ya algunos días que traté de establecer una suerte de respuesta, en el periódico costarricense La Prensa Libre, a Víctor Hugo Víquez, diputado del Partido Liberación Nacional, a un artículo que firma bajo su nombre en el cual se ensaña en descalificar mi lectura de los “aportes”, si es que podemos denominarles así, de los hermanos Arias a nuestro país en los últimos 30 años.
En la respuesta que le dirigí, y que por razones que me explico de alguna manera este medio no publicó, trataba de discutirle al señor Víquez respecto de la diferencia entre ideología-educativa y criterio científico de lo social, principalmente porque a aquellos que ostentan el monopolio de la verdad les enfada mucho que cualquier otro se la cuestione.
Además de la retórica del premio Nobel, que ya he cuestionado anteriormente en otros artículos publicados en este medio, los “aportes” sociales, económicos y políticos que le adjudica el señor Víquez a los hermanos Arias es más la respuesta evidente que como cabildero del menor de los hermanos se espera, sobre todo cuando la figura política de este último se encuentra en abierto estado de deterioro.
Aún cuando la historia “oficial” reciente, que defiende el señor Víquez, nos quiere hacer pensar sobre una Costa Rica pacífica y solidaria que se enrumba hacia el “progreso”, lo cierto del caso es que las y los jóvenes costarricenses tienen idearios de éxito que se asocian con la posibilidad de no vivir más en su propio país, como bien lo indican estudios universitarios publicados en el pasado reciente. Asimismo, la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana, no ha significado más que el recrudecimiento del mismo recetario que se ha impulsado fuertemente en nuestro país desde el mandato constitucional de Oscar Arias (1986-1990), ya que su segundo mandato habría que discutírselo en términos constitucionales, en el cual la desarticulación de las instituciones estatales fue medular. Lo anterior ha permitido garantizarle una posición privilegiada y diferenciada a un sector reducido de la población nacional respecto de la apropiación del excedente de la fuerza de trabajo de la población costarricense, de la apropiación de concesiones ofertadas por el sector público y de la apropiación cuestionada de amplios espacios de la zona marítimo terrestre de nuestro país, lo que le ha permitido a este sector articular sus intereses con los de los centros metropolitanos. Estos elementos anteriores son parte de las principales características de la dinámica política de los últimos 30 años. Los hermanos Arias, le enoje o no al señor Víquez, tienen vela en el entierro.
En los últimos días la presidenta Laura Chinchilla no ha tenido más opción que reconocer, ante la población nacional, que una de nuestras principales instituciones públicas, que nos ha dado salud, protección y resguardo a las y los trabajadores costarricenses desde 1941, se encuentra en crisis. La Caja de Seguro Social, una de las principales instituciones solidarias, no sólo de Costa Rica sino del mundo, ha sido el centro de los ataques sistemáticos de un grupo de tagarotes, pillos, ladrones y mafiosos políticos, no se lea incorrectamente políticos mafiosos, que en su intento de hacerse de lo que no es suyo y de enriquecerse a costas del trabajo ajeno sin esfuerzo y al margen de la ley, han ido restando posibilidad a la Caja de cumplir con su labor humanista y solidaria para con la población costarricense. Sin embargo, la crisis que atraviesa hoy la Caja no es un hecho particular, este, precisamente, es el síntoma de una crisis profunda que atraviesa el Estado costarricense, principalmente porque la administración de la cosa pública, durante los últimos 30 años, ha estado en manos de los mismos sectores que se han encargado en desarmar lo que por Constitución Política nos pertenece a todas y todos y hoy, irónicamente y sin descaro, se permiten en llamarnos o buscarnos en nuestros centros de trabajo o nuestros hogares para ofrecernos lo mismo que nos han quitado.
La crisis que experimenta hoy la Caja es el síntoma de una crisis que engloba las distintas instituciones del Estado. La sociedad costarricense dejó sus instituciones en manos de un minúsculo grupo de ricos privilegiados que habiendo estudiado en los principales centros ideológicos del liberalismo económico no hacen más que repetir las mismas recetas que hoy, ante los ojos del mundo y con respaldo del propio FMI, dan muestras de que el Consenso de Washington y el propio capitalismo han fracasado. Lastimosamente con ello también fracasaron nuestras instituciones.
Creo y sostengo que las y los trabajadores costarricenses podemos discutir y construir programas políticos conjuntos que nos permitan recuperar lo que es nuestro. La lucha por rescatar la Caja de Seguro Social costarricense nos da la opción de hacerlo. ¿Estaremos a la altura del contexto?
Dos monstruos
Ernesto Herra Castro
Después de un largo proceso viciado por las amenazas de los patrones para con las y los trabajadores, de la imposibilidad de las y los patriotas del movimiento social del NO de acreditar a muchas y muchos de sus fiscales en los centros de votación durante el proceso del referéndum del 2007, de las amenazas cubiertas como notas periodísticas durante la “tregua electoral” por los principales medios de comunicación del espectro televisivo costarricense, llegaron dos monstruos que en el campo de las telecomunicaciones han demostrado que tienen la capacidad de engullirse lo que se les ponga por el frente.
Apoyados en la inmoral legalidad de un modelo económico-político que evidencia lo obsceno e insostenible de su lógica, el neoliberalismo se ha enquistado en la dinámica de la economía-mundo capitalista no como una decisión consciente de la población que soporta los embates de la crisis estructural del capitalismo, sino como una de las fases más oscuras de la racionalidad occidental, en la cual la imposición doctrinaria liberal, carente de criterio científico, se dedica a imponer por la ley o el garrote las consignas del “libre comercio” aún cuando la realidad evidencia que el comercio cada vez es menos libre, más concentrado e intransigente con la especie y el planeta. Hoy, Claro y MoviStar, se disputan, muy al estilo de los monstruos marinos de la Odisea de Homero, el mercado existente en el campo de las telecomunicaciones. Lo hacen con la garantía que les proporcionan las crecientes condiciones de explotación que experimentan los trabajadores costarricenses, donde uno de cada tres trabajadores gana menos del salario mínimo establecido por ley (La Nación, 2009).
Dos monstruos han llegado a Costa Rica, han articulado intereses con algunos sectores de la burguesía criolla (afincados principalmente en el sector político) y han pactado la intensificación de las condiciones de explotación de las y los trabajadores costarricenses. Lo anterior lo han logrado a través de distintas formas, pero, principalmente, a través del incremento de la inestabilidad económica que se extiende a escala planetaria y que se posiciona como el “coco” contemporáneo en las mesas de los hogares de las y los trabajadores de mundo entero, del cual Costa Rica por supuesto forma parte. Lo curioso del caso es que esta inestabilidad es producida, precisamente, por la articulación de los intereses burgueses que ha confluido con la imposición de un modelo económico en la región centroamericana, la cual le ha trasladado a las y los trabajadores los costos de una crisis que no era nuestra, pero que hemos pagado de diversas formas durante los últimos 30 años.
Si bien, la explotación de la fuerza de trabajo nacional parecería tener poca representatividad respecto de la magnitud de la crisis del capitalismo a escala planetaria, ha sido precisamente la crisis estructural del capitalismo la que ha obligado a los consorcios transnacionales a adoptar mecanismos transnacionales para valorizar el desproporcionado capital ficticio existente (subrayado por el increíble sentido ilógico y contradictorio que resulta tan sólo pensar que en el capitalismo el capital inexistente cobra vida propia). De lo que se trata aquí es de intentar paliar la crisis económica que atraviesa el capitalismo con el incremento de la explotación de las y los trabajadores independientemente del contexto local en el que se sitúen. De esta forma los consorcios transnacionalizados respaldan, en apariencia, el valor que ha sido generado a través de la generación de empleo y, su consecuente apropiación de plusvalía. Sin embargo, la apropiación de la plusvalía absoluta y relativa no permite valorizar el valor a la misma velocidad en que el capital ficticio es reproducido, por lo cual el incremento de las condiciones de explotación se constituyen en un imperativo del capitalismo en nuestros días. De esta forma la imposición de criterios y condiciones laborales que atentan con el cumplimiento efectivo de los derechos de las y los trabajadores costarricenses se posiciona como la principal garantía que otorgan los sectores de la burguesía política criolla al sellar alianzas y garantizarse un papel privilegiado respecto de la adquisición de acciones, administración o el desarrollo de “consultorías” en sectores estratégicos del desarrollo nacional (muelles, parque nacionales, carreteras, hospitales de la seguridad social, fármacos, importación de alimentos, importación de agroquímicos, construcción, educación privada, seguridad privada y otros).
Lo anterior permite identificar cómo la crisis económica que atraviesa el capitalismo, de la cual el incremento del flujo de capital especulativo tiene una inmensa responsabilidad, intenta valorizar el capital ficticio existente a través del traslado de dicha crisis a las y los trabajadores y las instituciones solidarias edificadas para solventar sus necesidades más básicas.
El recrudecimiento de las condiciones de vida de la población española, mexicana o costarricense no son, sino, el resultado de la intensificación de la lógica del “libre comercio” de los últimos 30 años. La concentración monopólica, la imposición doctrinaria carente de rigurosidad metódica, debate, análisis o posibilidad de toma de decisiones, son los principales indicadores de que en el dogmatismo mesiánico liberal las cosas andan mal y que su ciega confianza en la macroeconomía nos ha pasado a todas y todos la factura. De esta forma, el neoliberalismo, como actual fase del desarrollo del capitalismo, ha garantizado la imposición política de los criterios económicos dictados por los principales consorcios transnacionales que, en alianza con los distintos sectores de la burguesía política criolla, han pactado la explotación de las y los trabajadores costarricenses, no sin antes garantizarse un papel privilegiado con la privatización de las ganancias que se fundamentan en la socialización de las pérdidas.
Atendiendo lo anterior no es difícil comprender por qué los ejemplos antipatriotas de los expresidentes Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Ángel Calderón Fournier o José María Figueres Olsen están vinculados profundamente con la crisis institucional de los principales referentes solidarios construidos por las y los costarricenses durante el siglo XX (por lo cual esperamos que la historia los recuerde).
Hoy, tanto España, México y Costa Rica experimentan, como tantos otros pueblos expuestos a las artimañas del capital, la agresividad del “libre comercio”, el incremento de la pobreza, de la inseguridad, de la explotación, la humillación y el saqueo.
Hoy, estos dos monstruos que se han instalado en nuestro país, son piezas fundamentales en la crisis del capitalismo como economía-mundo…y si no es así me atrevería a preguntar:
¿Por qué estos dos monstruos no han incrementado el pago de sus impuestos al fisco en los momentos en que sus países de origen más lo necesitan? ¿Es que acaso estos dos monstruos piensan pagar impuestos sobre la base real de las ganancias que perciben en Costa Rica aún cuando no lo hacen en sus países de origen? ¿Seremos las y los costarricenses tan ingenuos de pensar que su oferta tecnológica no guarda relación con la crisis económica, política y social que atraviesa hoy el planeta entero?
Dos monstruos han llegado a Costa Rica, vienen con hambre, se lo quieren comer todo. Hoy está a prueba la capacidad de resistencia y solidaridad de las y los costarricenses para con sus instituciones. En la medida que defendamos lo que tenemos con orgullo, recordando que por más pequeñito que sea este país sobre todo es nuestro, estos dos monstruos culminarán migrando hacia otras latitudes o, quizá, devorándose la cabeza.
*Sociólogo.
Directivo Nacional democráticamente electo y
no reconocido de ANEP.
Referencia citada:
La Nación (2009) Uno de cada tres trabajadores gana menos del salario mínimo. En: http://wvw.nacion.com/ln_ee/2009/diciembre/21/pais2199432.html. Consultado el 11 de diciembre de 2011.
Después de un largo proceso viciado por las amenazas de los patrones para con las y los trabajadores, de la imposibilidad de las y los patriotas del movimiento social del NO de acreditar a muchas y muchos de sus fiscales en los centros de votación durante el proceso del referéndum del 2007, de las amenazas cubiertas como notas periodísticas durante la “tregua electoral” por los principales medios de comunicación del espectro televisivo costarricense, llegaron dos monstruos que en el campo de las telecomunicaciones han demostrado que tienen la capacidad de engullirse lo que se les ponga por el frente.
Apoyados en la inmoral legalidad de un modelo económico-político que evidencia lo obsceno e insostenible de su lógica, el neoliberalismo se ha enquistado en la dinámica de la economía-mundo capitalista no como una decisión consciente de la población que soporta los embates de la crisis estructural del capitalismo, sino como una de las fases más oscuras de la racionalidad occidental, en la cual la imposición doctrinaria liberal, carente de criterio científico, se dedica a imponer por la ley o el garrote las consignas del “libre comercio” aún cuando la realidad evidencia que el comercio cada vez es menos libre, más concentrado e intransigente con la especie y el planeta. Hoy, Claro y MoviStar, se disputan, muy al estilo de los monstruos marinos de la Odisea de Homero, el mercado existente en el campo de las telecomunicaciones. Lo hacen con la garantía que les proporcionan las crecientes condiciones de explotación que experimentan los trabajadores costarricenses, donde uno de cada tres trabajadores gana menos del salario mínimo establecido por ley (La Nación, 2009).
Dos monstruos han llegado a Costa Rica, han articulado intereses con algunos sectores de la burguesía criolla (afincados principalmente en el sector político) y han pactado la intensificación de las condiciones de explotación de las y los trabajadores costarricenses. Lo anterior lo han logrado a través de distintas formas, pero, principalmente, a través del incremento de la inestabilidad económica que se extiende a escala planetaria y que se posiciona como el “coco” contemporáneo en las mesas de los hogares de las y los trabajadores de mundo entero, del cual Costa Rica por supuesto forma parte. Lo curioso del caso es que esta inestabilidad es producida, precisamente, por la articulación de los intereses burgueses que ha confluido con la imposición de un modelo económico en la región centroamericana, la cual le ha trasladado a las y los trabajadores los costos de una crisis que no era nuestra, pero que hemos pagado de diversas formas durante los últimos 30 años.
Si bien, la explotación de la fuerza de trabajo nacional parecería tener poca representatividad respecto de la magnitud de la crisis del capitalismo a escala planetaria, ha sido precisamente la crisis estructural del capitalismo la que ha obligado a los consorcios transnacionales a adoptar mecanismos transnacionales para valorizar el desproporcionado capital ficticio existente (subrayado por el increíble sentido ilógico y contradictorio que resulta tan sólo pensar que en el capitalismo el capital inexistente cobra vida propia). De lo que se trata aquí es de intentar paliar la crisis económica que atraviesa el capitalismo con el incremento de la explotación de las y los trabajadores independientemente del contexto local en el que se sitúen. De esta forma los consorcios transnacionalizados respaldan, en apariencia, el valor que ha sido generado a través de la generación de empleo y, su consecuente apropiación de plusvalía. Sin embargo, la apropiación de la plusvalía absoluta y relativa no permite valorizar el valor a la misma velocidad en que el capital ficticio es reproducido, por lo cual el incremento de las condiciones de explotación se constituyen en un imperativo del capitalismo en nuestros días. De esta forma la imposición de criterios y condiciones laborales que atentan con el cumplimiento efectivo de los derechos de las y los trabajadores costarricenses se posiciona como la principal garantía que otorgan los sectores de la burguesía política criolla al sellar alianzas y garantizarse un papel privilegiado respecto de la adquisición de acciones, administración o el desarrollo de “consultorías” en sectores estratégicos del desarrollo nacional (muelles, parque nacionales, carreteras, hospitales de la seguridad social, fármacos, importación de alimentos, importación de agroquímicos, construcción, educación privada, seguridad privada y otros).
Lo anterior permite identificar cómo la crisis económica que atraviesa el capitalismo, de la cual el incremento del flujo de capital especulativo tiene una inmensa responsabilidad, intenta valorizar el capital ficticio existente a través del traslado de dicha crisis a las y los trabajadores y las instituciones solidarias edificadas para solventar sus necesidades más básicas.
El recrudecimiento de las condiciones de vida de la población española, mexicana o costarricense no son, sino, el resultado de la intensificación de la lógica del “libre comercio” de los últimos 30 años. La concentración monopólica, la imposición doctrinaria carente de rigurosidad metódica, debate, análisis o posibilidad de toma de decisiones, son los principales indicadores de que en el dogmatismo mesiánico liberal las cosas andan mal y que su ciega confianza en la macroeconomía nos ha pasado a todas y todos la factura. De esta forma, el neoliberalismo, como actual fase del desarrollo del capitalismo, ha garantizado la imposición política de los criterios económicos dictados por los principales consorcios transnacionales que, en alianza con los distintos sectores de la burguesía política criolla, han pactado la explotación de las y los trabajadores costarricenses, no sin antes garantizarse un papel privilegiado con la privatización de las ganancias que se fundamentan en la socialización de las pérdidas.
Atendiendo lo anterior no es difícil comprender por qué los ejemplos antipatriotas de los expresidentes Miguel Ángel Rodríguez, Rafael Ángel Calderón Fournier o José María Figueres Olsen están vinculados profundamente con la crisis institucional de los principales referentes solidarios construidos por las y los costarricenses durante el siglo XX (por lo cual esperamos que la historia los recuerde).
Hoy, tanto España, México y Costa Rica experimentan, como tantos otros pueblos expuestos a las artimañas del capital, la agresividad del “libre comercio”, el incremento de la pobreza, de la inseguridad, de la explotación, la humillación y el saqueo.
Hoy, estos dos monstruos que se han instalado en nuestro país, son piezas fundamentales en la crisis del capitalismo como economía-mundo…y si no es así me atrevería a preguntar:
¿Por qué estos dos monstruos no han incrementado el pago de sus impuestos al fisco en los momentos en que sus países de origen más lo necesitan? ¿Es que acaso estos dos monstruos piensan pagar impuestos sobre la base real de las ganancias que perciben en Costa Rica aún cuando no lo hacen en sus países de origen? ¿Seremos las y los costarricenses tan ingenuos de pensar que su oferta tecnológica no guarda relación con la crisis económica, política y social que atraviesa hoy el planeta entero?
Dos monstruos han llegado a Costa Rica, vienen con hambre, se lo quieren comer todo. Hoy está a prueba la capacidad de resistencia y solidaridad de las y los costarricenses para con sus instituciones. En la medida que defendamos lo que tenemos con orgullo, recordando que por más pequeñito que sea este país sobre todo es nuestro, estos dos monstruos culminarán migrando hacia otras latitudes o, quizá, devorándose la cabeza.
*Sociólogo.
Directivo Nacional democráticamente electo y
no reconocido de ANEP.
Referencia citada:
La Nación (2009) Uno de cada tres trabajadores gana menos del salario mínimo. En: http://wvw.nacion.com/ln_ee/2009/diciembre/21/pais2199432.html. Consultado el 11 de diciembre de 2011.
¿Quién defiende la soberanía nacional?
Durante la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo, cuya característica fundamental es la libre competencia, había sido desplazada por su antítesis: el monopolio. Esta dinámica monopolizadora que experimentó el capitalismo, es una evidencia clara de sus propias contradicciones y, al mismo tiempo, la génesis de la expansión imperial de los principales centros metropolitanos sobre sus ex colonias, principalmente en aquellas dedicadas a la agricultura.
Las oligarquías del conjunto de los países de la región centroamericana ya habían tomado la decisión, desde la desarticulación en pequeñas parcelas de la Capitanía del Reyno de Guatemala (1821-1823), de garantizarse el control de los aparatos políticos y productivos de las recién nacidas repúblicas centroamericanas, aún cuando eso significara ceder a la posibilidad de construir países soberanos e independientes. Los hermanos Arias, cuyo poder y fortuna están anclados en un pasado oligarca, hoy, igual que ayer, pretenden ceder la soberanía nacional con tal de seguir acumulando fortuna a costas del trabajo del pueblo de Costa Rica sin que este de la batalla.
En días recientes la publicación de los cables de wikileaks han dejado en evidencia el fraude, la trampa, la mentira y el engaño con que los hermanos Arias, el Partido Liberación Nacional, el Movimiento Libertario, la UCAEP y los principales grupos de poder económico de este país, aliados con jerarcas de algunas de las principales instituciones políticas del Estado, pensaron que el hacer trampa se les iba a perdonar.
Hoy, el pueblo trabajador de Costa Rica que votó por el sí, engañado y obligado por sus patrones, sabe que las promesas del pasado (los bonos de vivienda, las motos BMW, la estabilidad laboral, la generación de empleo, etc.) son una mentira. Al contrario, viven en carne propia las injusticias de un modelo que les explota diariamente con tal de garantizar los excesos del oligarca.
Durante la lucha contra el TLC, el Tribunal Supremo de Elecciones llamó, en Cadena Nacional, a respetar la decisión soberana del pueblo de Costa Rica. Hoy, de manera vehemente le exigimos al Tribunal Supremo de Elecciones hacer cumplir su disposición, y al Ministerio Público castigar a los que con trampas manchan la historia de nuestro país.
Hoy, el pueblo de Costa Rica tiene la posibilidad y la responsabilidad histórica, con su pasado y su futuro, pero sobre todo con su presente, de recobrar lo más grande y valioso que a un ser humano le puedan quitar: su patria.
Llegó el momento de defender la soberanía nacional.
Mi corazón dice NO ¿El tuyo?
Las oligarquías del conjunto de los países de la región centroamericana ya habían tomado la decisión, desde la desarticulación en pequeñas parcelas de la Capitanía del Reyno de Guatemala (1821-1823), de garantizarse el control de los aparatos políticos y productivos de las recién nacidas repúblicas centroamericanas, aún cuando eso significara ceder a la posibilidad de construir países soberanos e independientes. Los hermanos Arias, cuyo poder y fortuna están anclados en un pasado oligarca, hoy, igual que ayer, pretenden ceder la soberanía nacional con tal de seguir acumulando fortuna a costas del trabajo del pueblo de Costa Rica sin que este de la batalla.
En días recientes la publicación de los cables de wikileaks han dejado en evidencia el fraude, la trampa, la mentira y el engaño con que los hermanos Arias, el Partido Liberación Nacional, el Movimiento Libertario, la UCAEP y los principales grupos de poder económico de este país, aliados con jerarcas de algunas de las principales instituciones políticas del Estado, pensaron que el hacer trampa se les iba a perdonar.
Hoy, el pueblo trabajador de Costa Rica que votó por el sí, engañado y obligado por sus patrones, sabe que las promesas del pasado (los bonos de vivienda, las motos BMW, la estabilidad laboral, la generación de empleo, etc.) son una mentira. Al contrario, viven en carne propia las injusticias de un modelo que les explota diariamente con tal de garantizar los excesos del oligarca.
Durante la lucha contra el TLC, el Tribunal Supremo de Elecciones llamó, en Cadena Nacional, a respetar la decisión soberana del pueblo de Costa Rica. Hoy, de manera vehemente le exigimos al Tribunal Supremo de Elecciones hacer cumplir su disposición, y al Ministerio Público castigar a los que con trampas manchan la historia de nuestro país.
Hoy, el pueblo de Costa Rica tiene la posibilidad y la responsabilidad histórica, con su pasado y su futuro, pero sobre todo con su presente, de recobrar lo más grande y valioso que a un ser humano le puedan quitar: su patria.
Llegó el momento de defender la soberanía nacional.
Mi corazón dice NO ¿El tuyo?
Entre la fiebre porcina y la realidad nacional
Ernesto Herra Castro
El jueves 30 de mayo de 2009, en una de las notas sobre la fiebre porcina publicada en este diario, leí las palabras del presidente de la República, Óscar Arias, solicitándole a farmacias y a compañías farmacéuticas no aumentar los precios de los medicamentos en tiempos en los que hay que apelar por el pueblo de Costa Rica y no por los intereses personales. ¿Con qué moral y ética les pide el presidente Arias a estas empresas asumir posiciones en las que ni siquiera él ha sido consecuente con el pueblo a quien representa? Ante esta pregunta me surgen las siguientes líneas que me gustaría compartir con ustedes a continuación.
A partir de la entrada en vigencia de los Proyectos de Ajuste Estructural, en la década de los ochenta, el país no sólo recortó la inversión sostenida que había promovido desde la década del cincuenta del siglo anterior en las distintas áreas, principalmente el sector social, sino que dio un giro dramático hacia el actual Modelo de Desarrollo de corte Neoliberal en el cual no sólo actúa la “mano libre del mercado”, sino que la acumulación de capital se justifica cualquiera que sea la forma que se utilice para tal fin.
El presidente Óscar Arias no sólo fomentó la entrada en vigencia del Proyectos de Ajuste Estructural entonces (1986-1990), sino que fue uno de sus principales propulsores.
La privatización de las instituciones del Estado que generaban parte importante de la riqueza socialmente producida y distribuida, porque eran de todas y todos los costarricenses, fue una de sus principales consignas. “Privatizar las ganancias, socializar las pérdidas” ha sido la máxima del presidente Arias. Esa es y así actúa la “mano invisible del mercado”.
Durante el trámite del TLC con los Estados Unidos la tónica no fue distinta. El presidente Óscar Arias, como representante de los empresarios privados del país y la burguesía centroamericana, impulsó en persona la aprobación del mismo. La venta de las instituciones del Estado, las que quedaban, de los recursos naturales y minerales quedó a la orden y disposición de las compañías transnacionales, pero sobre todo, de la burguesía centroamericana, de la cual él forma parte.
Si la privatización de las riquezas naturales, minerales, institucionales y sociales quedó a la orden y disposición de su clase, aún cuando fuimos las y los costarricenses quienes durante más de cincuenta años financiamos la construcción de cada poste, de cada represa hidroeléctrica, de cada cable de luz, ¿con qué moral les dice ahora a los empresarios farmacéuticos que no saquen provecho de la coyuntura que actualmente se presenta con la fiebre porcina?
Otro de los aspectos que me parece importante rescatar en estas líneas está relacionado con la doble moral que nos presenta el abordaje mediático e institucional de la fiebre porcina.
La pobreza que enfrenta el pueblo costarricense, fenómeno en sostenido crecimiento a partir de la década de los ochenta, es el principal mal que afecta a la población nacional. Si bien se han creado distintos programas para enfrentar este fenómeno en particular, el negocio de la pobreza, del cual saca provecho la burguesía política a partir de la compra descarada de votos con bonos de vivienda, becas de educación, asistencialismo de las instancias gubernamentales, le ha permitido a este sector de la población nacional, que representa el 20% más rico de la población costarricense, acumular la riqueza socialmente producida.
La pobreza es un fenómeno estructural caracterizado, principalmente, por la carencia de acceso a la satisfacción de las necesidades básicas producto de la concentración de la riqueza en un sector sumamente reducido de la población nacional representada por el presidente de la República, Óscar Arias.
Si la pobreza le resta a la población la posibilidad de garantizar las condiciones mínimas de subsistencia y de ésta han establecido más que un negocio un estilo de vida y de acumulación y concentración de la riqueza socialmente producida, ¿con qué moral le dice el Presidente Arias a las empresas farmacéuticas que no aprovechen la coyuntura actual que se presenta con la fiebre porcina? En lo personal creo que más que la preocupación del actual gobierno de la República por la cantidad de personas que podrían verse afectadas por la fiebre porcina, es la cantidad de personas que podrían dejar de garantizar el negocio del cual han sacado provecho durante los últimos 20 años. Si se han comportado con tal cinismo durante el período anteriormente señalado, ¿porqué pensar que habrían de cambiar precisamente en este momento?
Unas de las principales estrategias que el capitalismo ha mostrado ante las crisis económicas y política de las burguesías occidentales ha sido la capacidad de reinventarse, pero ante la actual crisis económica, quizá la mayor que haya enfrentado la historia del capitalismo, existe la necesidad de desviar la atención hacia otros temas y esperar que un milagro o la fiebre porcina les dé un respiro.
La incapacidad de gobernabilidad que ha demostrado el actual gobierno de la República, el desinterés por los problemas de fondo que aquejan a la sociedad costarricense, la incapacidad por responder a la actual crisis económica a nivel local, les permite encontrar en la fiebre porcina un aliado en cuanto a desvío de atención se refiere.
Si bien a la fiebre porcina hay que prestarle atención debemos tener en cuenta que más desastrosa y mortal que ella es la pobreza que experimenta un amplio sector de la sociedad costarricense. Señor Presidente Arias, no intente USTED desviar la atención de los problemas reales que enfrenta nuestro país tratando de sacar provecho de la actual coyuntura.
El jueves 30 de mayo de 2009, en una de las notas sobre la fiebre porcina publicada en este diario, leí las palabras del presidente de la República, Óscar Arias, solicitándole a farmacias y a compañías farmacéuticas no aumentar los precios de los medicamentos en tiempos en los que hay que apelar por el pueblo de Costa Rica y no por los intereses personales. ¿Con qué moral y ética les pide el presidente Arias a estas empresas asumir posiciones en las que ni siquiera él ha sido consecuente con el pueblo a quien representa? Ante esta pregunta me surgen las siguientes líneas que me gustaría compartir con ustedes a continuación.
A partir de la entrada en vigencia de los Proyectos de Ajuste Estructural, en la década de los ochenta, el país no sólo recortó la inversión sostenida que había promovido desde la década del cincuenta del siglo anterior en las distintas áreas, principalmente el sector social, sino que dio un giro dramático hacia el actual Modelo de Desarrollo de corte Neoliberal en el cual no sólo actúa la “mano libre del mercado”, sino que la acumulación de capital se justifica cualquiera que sea la forma que se utilice para tal fin.
El presidente Óscar Arias no sólo fomentó la entrada en vigencia del Proyectos de Ajuste Estructural entonces (1986-1990), sino que fue uno de sus principales propulsores.
La privatización de las instituciones del Estado que generaban parte importante de la riqueza socialmente producida y distribuida, porque eran de todas y todos los costarricenses, fue una de sus principales consignas. “Privatizar las ganancias, socializar las pérdidas” ha sido la máxima del presidente Arias. Esa es y así actúa la “mano invisible del mercado”.
Durante el trámite del TLC con los Estados Unidos la tónica no fue distinta. El presidente Óscar Arias, como representante de los empresarios privados del país y la burguesía centroamericana, impulsó en persona la aprobación del mismo. La venta de las instituciones del Estado, las que quedaban, de los recursos naturales y minerales quedó a la orden y disposición de las compañías transnacionales, pero sobre todo, de la burguesía centroamericana, de la cual él forma parte.
Si la privatización de las riquezas naturales, minerales, institucionales y sociales quedó a la orden y disposición de su clase, aún cuando fuimos las y los costarricenses quienes durante más de cincuenta años financiamos la construcción de cada poste, de cada represa hidroeléctrica, de cada cable de luz, ¿con qué moral les dice ahora a los empresarios farmacéuticos que no saquen provecho de la coyuntura que actualmente se presenta con la fiebre porcina?
Otro de los aspectos que me parece importante rescatar en estas líneas está relacionado con la doble moral que nos presenta el abordaje mediático e institucional de la fiebre porcina.
La pobreza que enfrenta el pueblo costarricense, fenómeno en sostenido crecimiento a partir de la década de los ochenta, es el principal mal que afecta a la población nacional. Si bien se han creado distintos programas para enfrentar este fenómeno en particular, el negocio de la pobreza, del cual saca provecho la burguesía política a partir de la compra descarada de votos con bonos de vivienda, becas de educación, asistencialismo de las instancias gubernamentales, le ha permitido a este sector de la población nacional, que representa el 20% más rico de la población costarricense, acumular la riqueza socialmente producida.
La pobreza es un fenómeno estructural caracterizado, principalmente, por la carencia de acceso a la satisfacción de las necesidades básicas producto de la concentración de la riqueza en un sector sumamente reducido de la población nacional representada por el presidente de la República, Óscar Arias.
Si la pobreza le resta a la población la posibilidad de garantizar las condiciones mínimas de subsistencia y de ésta han establecido más que un negocio un estilo de vida y de acumulación y concentración de la riqueza socialmente producida, ¿con qué moral le dice el Presidente Arias a las empresas farmacéuticas que no aprovechen la coyuntura actual que se presenta con la fiebre porcina? En lo personal creo que más que la preocupación del actual gobierno de la República por la cantidad de personas que podrían verse afectadas por la fiebre porcina, es la cantidad de personas que podrían dejar de garantizar el negocio del cual han sacado provecho durante los últimos 20 años. Si se han comportado con tal cinismo durante el período anteriormente señalado, ¿porqué pensar que habrían de cambiar precisamente en este momento?
Unas de las principales estrategias que el capitalismo ha mostrado ante las crisis económicas y política de las burguesías occidentales ha sido la capacidad de reinventarse, pero ante la actual crisis económica, quizá la mayor que haya enfrentado la historia del capitalismo, existe la necesidad de desviar la atención hacia otros temas y esperar que un milagro o la fiebre porcina les dé un respiro.
La incapacidad de gobernabilidad que ha demostrado el actual gobierno de la República, el desinterés por los problemas de fondo que aquejan a la sociedad costarricense, la incapacidad por responder a la actual crisis económica a nivel local, les permite encontrar en la fiebre porcina un aliado en cuanto a desvío de atención se refiere.
Si bien a la fiebre porcina hay que prestarle atención debemos tener en cuenta que más desastrosa y mortal que ella es la pobreza que experimenta un amplio sector de la sociedad costarricense. Señor Presidente Arias, no intente USTED desviar la atención de los problemas reales que enfrenta nuestro país tratando de sacar provecho de la actual coyuntura.
¿Por qué tampoco nos respetan los de afuera?
Ernesto Herra Castro
Cuatro horas pasaron para que las entradas del partido de la selección nacional de fútbol se agotaran, máxime cuando se sabía, y era un hecho, que Messi, Di María, Tévez y el resto de los grandes del fútbol mundial iban a enfrentarse contra los de casa.
La tristeza se hizo más profunda cuando al ver cómo los de la sele se pusieron la camiseta y lo daban todo, quedaba para los adentros la ilusión de ver a los ídolos televisivos deleitando a un pueblo que los recibió con tanto cariño. Aún con lo anterior, Argentina hizo lo que había que hacer, cumplió con el contrato, trajo a los que queríamos ver y los vimos, pero nunca jugando un solo minuto en suelo costarricense.
Al mejor estilo de los contratos pactados por el Partido Liberación Nacional y Autopistas del Sol, porque cuando nos quejamos del Estado en realidad nos quejamos de quienes lo administra, al final no importa la utilidad o el beneficio social que una obra pueda tener, de lo que se trata es de embolsarse la plata. Habría que señalar aquí, eso sí, que en el anterior comentario aplican restricciones, principalmente porque aún cuando fuese a través de la ventana de un autobús el pueblo futbolero costarricense tuvo la oportunidad de ver a sus ídolos, mientras seguimos esperando el sueño de los justos para que al fin de cuentas le entreguen al pueblo de Costa Rica una autopista digna del dinero que desembolsa a diario en peajes cuyas tarifas usurarias no demuestran el mínimo respeto por un pueblo que de manera amable le ha prestado puentes prefabricados para que pueda seguir operando.
El Ministro de Obras Públicas y Transportes, Francisco Jiménez, anterior Presidente Ejecutivo de Japdeva, tiene clara su posición en el aparato administrativo nacional: gobernar en función de las transnacionales. Al igual que en el pasado reciente, el señor Jiménez pretende pagar con fondos del MOPT, osea el dinero del pueblo costarricense, las inconsistencias técnicas de un proyecto por el cual el pueblo de Costa Rica ya ha pagado más de lo que debe. Ejemplos similares los podemos encontrar en los vicios de proceso que sufrió el referéndum del TLC entre los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana; el uso indebido de poder que hacen los hermanos Arias respecto del control del aparato jurídico, administrativo y económico a nivel nacional; o, creo que es aún peor que los anteriores, el papel denigrante que nos hace jugar el Partido Liberación Nacional en el extranjero al andar solicitando cosas regaladas en cuanto lugar al que viaja en visitas de carácter “diplomático”, cuan triste pedigüeño. Mientras las y los de aquí nos sudamos el lomo trabajando con ganas y pagando con nuestro esfuerzo los impuestos que los integrantes de este partido no están dispuestos a pagar, nosotros, los de abajo, los futboleros, seguimos esperando con deseo, con gesto de súplica, mirando hacia el cielo como quien espera un milagro divino, que las estrellas bajen de su pedestal y se acuerden por un momento que ellos también son pueblo.
Al fin y al cabo, después de estos 90 minutos sólo puedo preguntarme ¿Por qué si somos “pura vida” tampoco nos respetan los de afuera?
Cuatro horas pasaron para que las entradas del partido de la selección nacional de fútbol se agotaran, máxime cuando se sabía, y era un hecho, que Messi, Di María, Tévez y el resto de los grandes del fútbol mundial iban a enfrentarse contra los de casa.
La tristeza se hizo más profunda cuando al ver cómo los de la sele se pusieron la camiseta y lo daban todo, quedaba para los adentros la ilusión de ver a los ídolos televisivos deleitando a un pueblo que los recibió con tanto cariño. Aún con lo anterior, Argentina hizo lo que había que hacer, cumplió con el contrato, trajo a los que queríamos ver y los vimos, pero nunca jugando un solo minuto en suelo costarricense.
Al mejor estilo de los contratos pactados por el Partido Liberación Nacional y Autopistas del Sol, porque cuando nos quejamos del Estado en realidad nos quejamos de quienes lo administra, al final no importa la utilidad o el beneficio social que una obra pueda tener, de lo que se trata es de embolsarse la plata. Habría que señalar aquí, eso sí, que en el anterior comentario aplican restricciones, principalmente porque aún cuando fuese a través de la ventana de un autobús el pueblo futbolero costarricense tuvo la oportunidad de ver a sus ídolos, mientras seguimos esperando el sueño de los justos para que al fin de cuentas le entreguen al pueblo de Costa Rica una autopista digna del dinero que desembolsa a diario en peajes cuyas tarifas usurarias no demuestran el mínimo respeto por un pueblo que de manera amable le ha prestado puentes prefabricados para que pueda seguir operando.
El Ministro de Obras Públicas y Transportes, Francisco Jiménez, anterior Presidente Ejecutivo de Japdeva, tiene clara su posición en el aparato administrativo nacional: gobernar en función de las transnacionales. Al igual que en el pasado reciente, el señor Jiménez pretende pagar con fondos del MOPT, osea el dinero del pueblo costarricense, las inconsistencias técnicas de un proyecto por el cual el pueblo de Costa Rica ya ha pagado más de lo que debe. Ejemplos similares los podemos encontrar en los vicios de proceso que sufrió el referéndum del TLC entre los Estados Unidos, Centro América y República Dominicana; el uso indebido de poder que hacen los hermanos Arias respecto del control del aparato jurídico, administrativo y económico a nivel nacional; o, creo que es aún peor que los anteriores, el papel denigrante que nos hace jugar el Partido Liberación Nacional en el extranjero al andar solicitando cosas regaladas en cuanto lugar al que viaja en visitas de carácter “diplomático”, cuan triste pedigüeño. Mientras las y los de aquí nos sudamos el lomo trabajando con ganas y pagando con nuestro esfuerzo los impuestos que los integrantes de este partido no están dispuestos a pagar, nosotros, los de abajo, los futboleros, seguimos esperando con deseo, con gesto de súplica, mirando hacia el cielo como quien espera un milagro divino, que las estrellas bajen de su pedestal y se acuerden por un momento que ellos también son pueblo.
Al fin y al cabo, después de estos 90 minutos sólo puedo preguntarme ¿Por qué si somos “pura vida” tampoco nos respetan los de afuera?
Llamado al pueblo de Costa Rica a fiscalizar el proceso electoral
Ernesto Herra Castro
En medio del presente proceso electoral es interesante preguntarse del significado, cada vez menor, que ha cobrado la práctica electoral. Acentuado en el referendo por el TLC, el Tribunal Supremo de Elecciones dejó claro que, aún cuando su discurso trata de sostener los valores soberanos de una Costa Rica imaginaria, ante los intereses de la burguesía regional, cualquier publicidad tendenciosa en días de tregua podrá ser revestida de noticia periodística.
Ante el silencio cómplice del Tribunal Supremo de Elecciones, el financiamiento de las corporaciones transnacionales, el silencio acérrimo del Colegio de Periodistas y los intereses de las corporaciones nacionales, la decisión sobre el TLC garantizó la participación directa de la burguesía regional en los grandes negocios que se tejen en todo Centroamérica, mientras las promesas incumplidas por los gobiernos de los últimos veinticinco años, siguen manifestándose a través de un número absoluto de pobres que cada vez demuestra ser mayor y un grupo de nuevos ricos cada vez más reducido.
El golpe a la democracia que infringió el silencio del Tribunal Supremo de Elecciones, en el proceso anteriormente señalado, no tiene que ver nada con el resultado mismo del conteo de los votos, sino en permitir pautar publicidad tendenciosa en días de tregua a favor de los intereses económicos de la burguesía regional, así como de hacerse la vista gorda ante las amenazas de despido de trabajo que experimentó un grupo de trabajadoras y trabajadores costarricenses, que hasta la fecha no se ha calculado.
A pocos días de que se lleve a cabo otra actividad electoral, cabe señalar la necesidad de que el pueblo costarricense fiscalice la transparencia del proceso electoral como conjunto, especialmente cuando aún están frescas las lecciones aprendidas en el pasado próximo.
Recordar que el proceso electoral le pertenece al pueblo de Costa Rica, debe a su vez hacer eco en el Tribunal Supremo de Elecciones quien, además de ser garante de mismo, es empleado de este pueblo ante quien deberá rendir cuentas.
En medio del presente proceso electoral es interesante preguntarse del significado, cada vez menor, que ha cobrado la práctica electoral. Acentuado en el referendo por el TLC, el Tribunal Supremo de Elecciones dejó claro que, aún cuando su discurso trata de sostener los valores soberanos de una Costa Rica imaginaria, ante los intereses de la burguesía regional, cualquier publicidad tendenciosa en días de tregua podrá ser revestida de noticia periodística.
Ante el silencio cómplice del Tribunal Supremo de Elecciones, el financiamiento de las corporaciones transnacionales, el silencio acérrimo del Colegio de Periodistas y los intereses de las corporaciones nacionales, la decisión sobre el TLC garantizó la participación directa de la burguesía regional en los grandes negocios que se tejen en todo Centroamérica, mientras las promesas incumplidas por los gobiernos de los últimos veinticinco años, siguen manifestándose a través de un número absoluto de pobres que cada vez demuestra ser mayor y un grupo de nuevos ricos cada vez más reducido.
El golpe a la democracia que infringió el silencio del Tribunal Supremo de Elecciones, en el proceso anteriormente señalado, no tiene que ver nada con el resultado mismo del conteo de los votos, sino en permitir pautar publicidad tendenciosa en días de tregua a favor de los intereses económicos de la burguesía regional, así como de hacerse la vista gorda ante las amenazas de despido de trabajo que experimentó un grupo de trabajadoras y trabajadores costarricenses, que hasta la fecha no se ha calculado.
A pocos días de que se lleve a cabo otra actividad electoral, cabe señalar la necesidad de que el pueblo costarricense fiscalice la transparencia del proceso electoral como conjunto, especialmente cuando aún están frescas las lecciones aprendidas en el pasado próximo.
Recordar que el proceso electoral le pertenece al pueblo de Costa Rica, debe a su vez hacer eco en el Tribunal Supremo de Elecciones quien, además de ser garante de mismo, es empleado de este pueblo ante quien deberá rendir cuentas.
¿Pérdida de valores o el fracaso de la sociedad costarricense?
Ernesto Herra Castro
A la luz de las múltiples manifestaciones de una sociedad que a paso agigantado se enrumba hacia el descalabro y que deja en evidencia el inminente fracaso al cual como sociedad hemos apostado, me permito elaborar unas breves líneas que propicien la reflexión y la discusión con el objetivo de aportar algunos elementos sobre la necesidad de establecer un viraje en nuestro modelo económico y en nuestra sociedad como conjunto. Como ejemplo de lo anterior basaré mis argumentos en la noción de lo que popularmente es señalado como “pérdida de valores”, estableciendo una relación entre esta percepción y el modelo neoliberal en el cual nuestra sociedad está inmersa. Es precisamente en este momento de la expansión del capitalismo que se han acentuado las contradicciones sociales sobreponiendo los intereses del capital a las necesidades de la humanidad.
Lo primero que me gustaría argumentar es que “los valores”, o la “pérdida de valores”, responden a la posibilidad de lograr dinámicas de construcción colectiva que den sentido universal a determinadas pautas y comportamientos reconocidos socialmente. Estos valores tendrían validez universal en tanto práctica social, sin embargo, éstas se circunscriben en espacios y tiempos particulares, lo cual denota que lo universal no es sinónimo de eterno o constante, ya que los valores sociales se encuentran en permanente construcción.
Para explicar un poco lo anterior, podríamos suponer que en una sociedad en particular la honradez es reconocida como un “valor” que goza de reconocimiento social, precisamente porque éste es el resultado de un proceso de construcción colectiva a partir de las dinámicas sociales y los espacios de interrelacionamiento a los que esta sociedad tiene acceso como conjunto. Ser honrado supondría seguir algunas pautas y comportamientos que se asocian directamente con la concepción honradez. Estas pautas y comportamientos cobrarían un sentido universal en tanto que “el otro” comparta, asuma y reproduzca las mismas pautas y comportamientos socialmente construidos y asociados con la honradez. Su alcance temporal estaría limitado a la posibilidad que tenga una sociedad de mantener el sentido universal de la honradez a través del tiempo, basada en las dinámicas sociales que se construyen en el seno de esta sociedad.
Lo segundo que me gustaría mencionar es que estas relaciones e interrelacionamientos sociales no se establecen en abstracto. Éstas tienen cabida en una sociedad edificada sobre la base económica en la cual se construyen las distintas instituciones sociales, la política, la cultura, la justicia, entre otros. Esta base económica determina, en última instancia, el tipo de sociedad, de relaciones sociales, de “valores” que se construyen o reconfiguran en una sociedad particular.
El modelo económico neoliberal parte del principio que en la medida que el Estado cumpla un papel mínimo y asegure la libre competencia el mercado y la sociedad se regularán así mismos. Son estas, precisamente, las trampas de un modelo que no tiene ni pies ni cabeza.
La disminución del tamaño del Estado, el recorte presupuestario en el sector social, la venta de los activos estatales respondió precisamente a esta lógica.
Si el Estado no podía asegurar más que las y los niños se mantuvieran dentro del colegio el sector privado le ofrecía esta opción. Lo mismo sucedió con la salud, la seguridad social, las garantías sociales, entre otros. El único inconveniente es que tiene acceso quien puede pagarlo.
La tesis del goteo, aquella que señalaba que en la medida que los países ricos lograran mejores condiciones económicas provocaría un desbordamiento de la riqueza al punto que ésta impactaría a las economías periféricas, sólo fue una reflexión de académicos y políticos liberales. Lo que éstos nunca previeron fue que las relaciones sociales, políticas, culturales, religiosas e incluso económicas no se desarrollan, estrictamente, en el campo de la economía y muchos menos en ejercicios de abstracción económica y construcción de escenarios económicos. Hay otras variables que entran en juego.
El resultado de casi tres décadas de aplicar la misma receta económica se ha traducido en la pauperización de las condiciones de vida de la sociedad costarricense como conjunto. La devastación de las zonas naturales y de biodiversidad protegidas, las garantías sociales, las relaciones humanas se reconfiguraron con y en la nueva lógica económica.
La competencia desleal, la individualidad exacerbada, el “éxito” inmediato (lo que sea que eso signifique), el culto a la personalidad, suplieron el lugar que algún día tuvo la solidaridad o la honradez, los cuales, como el resto de las instituciones del Estado, se “modernizaron”.
Según Horkheimer, “esta hybris o desmesura del capitalismo impulsa el principio de lo mercantil a mercantificar hasta lo inmercantificable y a asegurarse su eficiencia mediante recursos que lo contradicen esencialmente”. Este “orden” o “lógica” económica, en un afán capitalista, ha convertido en objeto mercantil la misma vida humana y ha tolerado la aparición de nuevos monopolios que contradicen la esencia sobre la que se edifica su teoría política y económica. Es precisamente esta contradicción, este voraz impulso por acabarlo, consumirlo, aprópiaselo todo, mercantificarlo todo, lo que ha subsumido a nuestra sociedad costarricense en el más profundo sentimiento de desesperanza generalizado teñido por nuevos y más complejos fenómenos como los de la inseguridad ciudadana o la corrupción política.
Las cenas, las avionetas, los helicópteros, los viajes, las copas de Champan, los memorándums que incitan a ver como enemigos a quien opine diferente, a quien piense diferente, a quien desee un futuro diferente. El abuso de la fuerza, el abuso del poder, la concentración de la riqueza en pocas manos, los expresidentes acusados de corrupción o, peor aún, los que ya sabemos que lo son. Las toneladas de droga que se incautan en nuestro país, la violencia generalizada, la exclusión social son sólo algunas muestras de un país que, como se dice popularmente, puso todos los huevos en una misma canasta, la cual, lastimosamente, traía un hueco de fábrica pero que había sido adquirida a través de licitación por lo cual nadie va a responder.
¿Cómo hablar de valores en un modelo que es más eficiente excluyendo a sus semejantes que construyendo puentes? (Sin afán de recordar que ya hasta los puentes se caen a pedazos encima de nuestra propia sociedad).
Nuestros valores no sólo se reconfiguraron, sino que como sociedad estamos inmersos en un modelo que como pautas y comportamiento se mira a sí misma en el espejo de la violencia cotidiana en todos sus ángulos y dimensiones.
De no propiciar la construcción de alternativas a este modelo económico habremos sido nosotras y nosotros los cómplices de nuestro propio fracaso a través de un silencio que, como bien señala Martí, es más parecido a la estupidez.
A la luz de las múltiples manifestaciones de una sociedad que a paso agigantado se enrumba hacia el descalabro y que deja en evidencia el inminente fracaso al cual como sociedad hemos apostado, me permito elaborar unas breves líneas que propicien la reflexión y la discusión con el objetivo de aportar algunos elementos sobre la necesidad de establecer un viraje en nuestro modelo económico y en nuestra sociedad como conjunto. Como ejemplo de lo anterior basaré mis argumentos en la noción de lo que popularmente es señalado como “pérdida de valores”, estableciendo una relación entre esta percepción y el modelo neoliberal en el cual nuestra sociedad está inmersa. Es precisamente en este momento de la expansión del capitalismo que se han acentuado las contradicciones sociales sobreponiendo los intereses del capital a las necesidades de la humanidad.
Lo primero que me gustaría argumentar es que “los valores”, o la “pérdida de valores”, responden a la posibilidad de lograr dinámicas de construcción colectiva que den sentido universal a determinadas pautas y comportamientos reconocidos socialmente. Estos valores tendrían validez universal en tanto práctica social, sin embargo, éstas se circunscriben en espacios y tiempos particulares, lo cual denota que lo universal no es sinónimo de eterno o constante, ya que los valores sociales se encuentran en permanente construcción.
Para explicar un poco lo anterior, podríamos suponer que en una sociedad en particular la honradez es reconocida como un “valor” que goza de reconocimiento social, precisamente porque éste es el resultado de un proceso de construcción colectiva a partir de las dinámicas sociales y los espacios de interrelacionamiento a los que esta sociedad tiene acceso como conjunto. Ser honrado supondría seguir algunas pautas y comportamientos que se asocian directamente con la concepción honradez. Estas pautas y comportamientos cobrarían un sentido universal en tanto que “el otro” comparta, asuma y reproduzca las mismas pautas y comportamientos socialmente construidos y asociados con la honradez. Su alcance temporal estaría limitado a la posibilidad que tenga una sociedad de mantener el sentido universal de la honradez a través del tiempo, basada en las dinámicas sociales que se construyen en el seno de esta sociedad.
Lo segundo que me gustaría mencionar es que estas relaciones e interrelacionamientos sociales no se establecen en abstracto. Éstas tienen cabida en una sociedad edificada sobre la base económica en la cual se construyen las distintas instituciones sociales, la política, la cultura, la justicia, entre otros. Esta base económica determina, en última instancia, el tipo de sociedad, de relaciones sociales, de “valores” que se construyen o reconfiguran en una sociedad particular.
El modelo económico neoliberal parte del principio que en la medida que el Estado cumpla un papel mínimo y asegure la libre competencia el mercado y la sociedad se regularán así mismos. Son estas, precisamente, las trampas de un modelo que no tiene ni pies ni cabeza.
La disminución del tamaño del Estado, el recorte presupuestario en el sector social, la venta de los activos estatales respondió precisamente a esta lógica.
Si el Estado no podía asegurar más que las y los niños se mantuvieran dentro del colegio el sector privado le ofrecía esta opción. Lo mismo sucedió con la salud, la seguridad social, las garantías sociales, entre otros. El único inconveniente es que tiene acceso quien puede pagarlo.
La tesis del goteo, aquella que señalaba que en la medida que los países ricos lograran mejores condiciones económicas provocaría un desbordamiento de la riqueza al punto que ésta impactaría a las economías periféricas, sólo fue una reflexión de académicos y políticos liberales. Lo que éstos nunca previeron fue que las relaciones sociales, políticas, culturales, religiosas e incluso económicas no se desarrollan, estrictamente, en el campo de la economía y muchos menos en ejercicios de abstracción económica y construcción de escenarios económicos. Hay otras variables que entran en juego.
El resultado de casi tres décadas de aplicar la misma receta económica se ha traducido en la pauperización de las condiciones de vida de la sociedad costarricense como conjunto. La devastación de las zonas naturales y de biodiversidad protegidas, las garantías sociales, las relaciones humanas se reconfiguraron con y en la nueva lógica económica.
La competencia desleal, la individualidad exacerbada, el “éxito” inmediato (lo que sea que eso signifique), el culto a la personalidad, suplieron el lugar que algún día tuvo la solidaridad o la honradez, los cuales, como el resto de las instituciones del Estado, se “modernizaron”.
Según Horkheimer, “esta hybris o desmesura del capitalismo impulsa el principio de lo mercantil a mercantificar hasta lo inmercantificable y a asegurarse su eficiencia mediante recursos que lo contradicen esencialmente”. Este “orden” o “lógica” económica, en un afán capitalista, ha convertido en objeto mercantil la misma vida humana y ha tolerado la aparición de nuevos monopolios que contradicen la esencia sobre la que se edifica su teoría política y económica. Es precisamente esta contradicción, este voraz impulso por acabarlo, consumirlo, aprópiaselo todo, mercantificarlo todo, lo que ha subsumido a nuestra sociedad costarricense en el más profundo sentimiento de desesperanza generalizado teñido por nuevos y más complejos fenómenos como los de la inseguridad ciudadana o la corrupción política.
Las cenas, las avionetas, los helicópteros, los viajes, las copas de Champan, los memorándums que incitan a ver como enemigos a quien opine diferente, a quien piense diferente, a quien desee un futuro diferente. El abuso de la fuerza, el abuso del poder, la concentración de la riqueza en pocas manos, los expresidentes acusados de corrupción o, peor aún, los que ya sabemos que lo son. Las toneladas de droga que se incautan en nuestro país, la violencia generalizada, la exclusión social son sólo algunas muestras de un país que, como se dice popularmente, puso todos los huevos en una misma canasta, la cual, lastimosamente, traía un hueco de fábrica pero que había sido adquirida a través de licitación por lo cual nadie va a responder.
¿Cómo hablar de valores en un modelo que es más eficiente excluyendo a sus semejantes que construyendo puentes? (Sin afán de recordar que ya hasta los puentes se caen a pedazos encima de nuestra propia sociedad).
Nuestros valores no sólo se reconfiguraron, sino que como sociedad estamos inmersos en un modelo que como pautas y comportamiento se mira a sí misma en el espejo de la violencia cotidiana en todos sus ángulos y dimensiones.
De no propiciar la construcción de alternativas a este modelo económico habremos sido nosotras y nosotros los cómplices de nuestro propio fracaso a través de un silencio que, como bien señala Martí, es más parecido a la estupidez.
Llamado de solidaridad para con el pueblo hondureño
Ernesto Herra Castro
Las imágenes no mienten, principalmente cuando los golpistas y sus aliados se escudan en un seudo discurso que pretende hacer pensar que lo que defienden los gorilas es el sistema democrático, constitucional y de legalidad.
La masacre ha iniciado. La persecución política, las detenciones, las violaciones a mujeres de las cuales tienen denuncias las organizaciones feministas hondureñas, así como la violación a los Derechos Humanos en términos generales, es la tónica que ocupa la cotidianidad hondureña de estos días.
Aún con lo anterior, el presidente Óscar Arias se sienta en la mesa a negociar con los dictadores. Los sienta para darles un respiro, una salida a la crisis que enfrenta la burguesía de ese país ante las miles de denuncias internacionales que circulan por medios alternativos y otros que, ante la imposibilidad de ocultar la realidad de los acontecimientos, se ven obligados a cubrir parte de los hechos.
Las negociaciones con los dictadores hondureños han sido impulsadas y promovidas no por el buen corazón de nuestro presidente, a quien la avaricia, el poder y la ostentación lo cegó hace ya muchos años (sin ánimo de ofender a quienes han perdido la vista), sino por el deseo de acumulación de un sector de los empresarios nacionales y regionales que ven en el golpe una limitante para el tránsito de sus mercancías.
No importan los muertos y los heridos. No importa la violación a los Derechos Humanos. Hay que buscarle salida a la movilidad de los productos. Esa es su consigna.
La burguesía centroamericana, hoy representada a escala planetaria por los dictadores, esos mismos quienes hoy reprimen a su pueblo, ha demostrado que está dispuesta a todo cuando existan proyectos alternativos que se opongan a sus intereses.
La caracterización equívoca de Manuel Zelaya como chavista, izquierdista o revolucionario por un sector de la prensa regional, muestra lo miope que puede ser el abordaje de la realidad en contextos de crisis a partir de la cobertura periodística y el decadente estado de su profesión. Por otro lado, deja claros los intereses que representan algunos medios de comunicación a nivel regional en este conflicto en particular, principalmente porque ellos son propiedad de la misma clase que hoy infunde el terror en Honduras.
Ni chavista, ni izquierdista, ni revolucionario. Manuel Zelaya es un hacendado burgués hondureño, miembro del Partido Liberal quien ha empobrecido históricamente las condiciones de vida de la población. Sin embargo, Zelaya, impulsado por un deseo paternalista, promovió distintas acciones populistas que dejaron de representar los intereses de la burguesía local y regional, siendo esto justificación suficiente para que su mismo partido, un partido de gorilas, le diera el golpe de Estado que hoy sufre la población hondureña.
Estudiantes, amas de casa, feministas, universitarios, profesores, académicos, investigadores, sindicalistas, jóvenes, abuelos. Para todos aquellos que se opongan a la los intereses de la burguesía hondureña el mensaje es claro: garrote, garrote y más garrote.
Independientemente de lo anterior, lo que está en juego en el caso de Honduras es la defensa de la constitucionalidad, de la institucionalidad, de la vida de nuestros hermanos y hermanas hondureñas, de su posibilidad de crear el país que ellos y ellas quieran, porque es a ellos y ellas a quienes les pertenece.
Si estamos dispuestos a que se negocie en Honduras, en nombre del pueblo costarricense, el cumplimiento de nuestra carta máxima de entendimiento, la Constitución Política, habremos perdido el rumbo, el sentido, la soberanía. Habrá sido el pueblo costarricense quien funja el papel de esbirro ante la estocada al pueblo hondureño.
Óscar Arias pretende negociar la sangre derramada por el pueblo hondureño, sus muertos, sus proyectos de vida, porque, entre otras cosas, eso ya lo hizo en el pasado. También negoció nuestros más preciados valores y riquezas, nuestra patria, y propició la modificación de nuestra Constitución Política. En ese campo ya tiene experiencia.
La solidaridad con el pueblo hondureño es hoy una urgencia. En la presente coyuntura la solidaridad es un llamado a la resistencia, al coraje, a la fuerza, a la lucha abierta contra la tiranía burguesa regional, representada por Micheletti en el caso hondureño y negociada por el Cartel que hoy nos gobierna.
Más de 200 detenidos, 50 desaparecidos, 12 muertos y cientos de perseguidos políticos es hoy el balance de la crisis hondureña.
Negociar las muertes, la Constitución y nuestros sueños es ceder nuestra vida a la tiranía.
Adelante Honduras. Resiste, resiste…
Las imágenes no mienten, principalmente cuando los golpistas y sus aliados se escudan en un seudo discurso que pretende hacer pensar que lo que defienden los gorilas es el sistema democrático, constitucional y de legalidad.
La masacre ha iniciado. La persecución política, las detenciones, las violaciones a mujeres de las cuales tienen denuncias las organizaciones feministas hondureñas, así como la violación a los Derechos Humanos en términos generales, es la tónica que ocupa la cotidianidad hondureña de estos días.
Aún con lo anterior, el presidente Óscar Arias se sienta en la mesa a negociar con los dictadores. Los sienta para darles un respiro, una salida a la crisis que enfrenta la burguesía de ese país ante las miles de denuncias internacionales que circulan por medios alternativos y otros que, ante la imposibilidad de ocultar la realidad de los acontecimientos, se ven obligados a cubrir parte de los hechos.
Las negociaciones con los dictadores hondureños han sido impulsadas y promovidas no por el buen corazón de nuestro presidente, a quien la avaricia, el poder y la ostentación lo cegó hace ya muchos años (sin ánimo de ofender a quienes han perdido la vista), sino por el deseo de acumulación de un sector de los empresarios nacionales y regionales que ven en el golpe una limitante para el tránsito de sus mercancías.
No importan los muertos y los heridos. No importa la violación a los Derechos Humanos. Hay que buscarle salida a la movilidad de los productos. Esa es su consigna.
La burguesía centroamericana, hoy representada a escala planetaria por los dictadores, esos mismos quienes hoy reprimen a su pueblo, ha demostrado que está dispuesta a todo cuando existan proyectos alternativos que se opongan a sus intereses.
La caracterización equívoca de Manuel Zelaya como chavista, izquierdista o revolucionario por un sector de la prensa regional, muestra lo miope que puede ser el abordaje de la realidad en contextos de crisis a partir de la cobertura periodística y el decadente estado de su profesión. Por otro lado, deja claros los intereses que representan algunos medios de comunicación a nivel regional en este conflicto en particular, principalmente porque ellos son propiedad de la misma clase que hoy infunde el terror en Honduras.
Ni chavista, ni izquierdista, ni revolucionario. Manuel Zelaya es un hacendado burgués hondureño, miembro del Partido Liberal quien ha empobrecido históricamente las condiciones de vida de la población. Sin embargo, Zelaya, impulsado por un deseo paternalista, promovió distintas acciones populistas que dejaron de representar los intereses de la burguesía local y regional, siendo esto justificación suficiente para que su mismo partido, un partido de gorilas, le diera el golpe de Estado que hoy sufre la población hondureña.
Estudiantes, amas de casa, feministas, universitarios, profesores, académicos, investigadores, sindicalistas, jóvenes, abuelos. Para todos aquellos que se opongan a la los intereses de la burguesía hondureña el mensaje es claro: garrote, garrote y más garrote.
Independientemente de lo anterior, lo que está en juego en el caso de Honduras es la defensa de la constitucionalidad, de la institucionalidad, de la vida de nuestros hermanos y hermanas hondureñas, de su posibilidad de crear el país que ellos y ellas quieran, porque es a ellos y ellas a quienes les pertenece.
Si estamos dispuestos a que se negocie en Honduras, en nombre del pueblo costarricense, el cumplimiento de nuestra carta máxima de entendimiento, la Constitución Política, habremos perdido el rumbo, el sentido, la soberanía. Habrá sido el pueblo costarricense quien funja el papel de esbirro ante la estocada al pueblo hondureño.
Óscar Arias pretende negociar la sangre derramada por el pueblo hondureño, sus muertos, sus proyectos de vida, porque, entre otras cosas, eso ya lo hizo en el pasado. También negoció nuestros más preciados valores y riquezas, nuestra patria, y propició la modificación de nuestra Constitución Política. En ese campo ya tiene experiencia.
La solidaridad con el pueblo hondureño es hoy una urgencia. En la presente coyuntura la solidaridad es un llamado a la resistencia, al coraje, a la fuerza, a la lucha abierta contra la tiranía burguesa regional, representada por Micheletti en el caso hondureño y negociada por el Cartel que hoy nos gobierna.
Más de 200 detenidos, 50 desaparecidos, 12 muertos y cientos de perseguidos políticos es hoy el balance de la crisis hondureña.
Negociar las muertes, la Constitución y nuestros sueños es ceder nuestra vida a la tiranía.
Adelante Honduras. Resiste, resiste…
La concesión de JAPDEVA ¡QUÉ BONITO NEGICIO!
Ernesto Herra Castro
El día martes primero de setiembre del presente año, leí, en el periódico La Prensa Libre, declaraciones del señor Francisco Jiménez, presidente ejecutivo de Japdeva, en las cuales señala que el 70% o 75% del presupuesto de Japdeva se destina al pago de salarios lo cual, según afirma él, es uno de las principales limitantes para realizar inversiones en el mejoramiento de la infraestructura existente.
Además de lo anterior, el señor Jiménez señala textualmente: “necesito convertir a Japdeva en una empresa moderna en que no más del 30% o 35% se destine al pago de salarios, que se pueda invertir en infraestructura, tecnología y servicios”.
A partir de lo anterior me gustaría hacer algunos señalamientos. Primero, el señor Jiménez lo que hace en estas afirmaciones es dejar claro que bajo la actual lógica neoliberal, en la que ha operado el país durante los últimos 25 años, el Estado ha dejado de tener capacidad de mantener siquiera la plataforma estratégica que permitió, durante varias décadas, generar parte importante de las entradas de dinero a las arcas del Estado con que se financió la infraestructura social con que operó el país en el modelo de desarrollo anterior. Si bien, ese modelo no había logrado disminuir las asimetrías sociales existentes para entonces, la actual lógica de concesiones, por no llamarlas privatizaciones como claramente hay que llamarlas, significó el nacimiento de los nuevos pobres, pero sobre todo de los nuevos ricos.
El científico social Carlos Sojo, señaló que durante la época de ajuste el 20% más rico del país se apropió del 50% del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre sólo del 4% (Ruiz, 2001: 139-140).
¿Pero cómo se explica la aparición de estos nuevos ricos en el país? Según Martínez (2005) el 95% de la acumulación de capital a nivel mundial se financia con ahorro interno de los estados nacionales. Este ahorro interno lo que significa es que, mientras las y los costarricenses pagamos ya hace mucho tiempo la plataforma portuaria nacional, la mantenemos y se ha demostrado que es un excelente negocio, además de ser estratégico para el país, hay una cúpula política y empresarial que ha encontrado muy sencillo traducir esa ganancia pública en una ganancia privada financiada por terceros.
En esta lógica, las y los costarricenses, hemos visto desaparecer de nuestras manos compañías de cemento, trenes, bancos, empresas de agroquímicos, aeropuertos, puertos marítimos, sólo para mencionar algunos. Además de lo anterior, hemos visto decaer las condiciones en las que operaron, por muchos años, las instituciones del Estado encargadas de garantizar el acceso y la calidad a las necesidades básicas más esenciales (educación, techo, salud, trabajo). Lo anterior se da, principalmente, porque en el deterioro de las instituciones del Estado, esa misma cúpula política y empresarial, que hoy quiere enriquecerse aún más con la privatización de Japdeva, encontró la fórmula de suplirle al Estado las necesidades que este mismo sector había propiciado.
Lo que el señor Jiménez también claramente señala es que la riqueza proveniente de los patronos, en este caso los futuros concesionarios de Japdeva, proviene de la sobreexplotación de los trabajadores. La lógica, según señala Jiménez, es que los concesionarios recontraten a 210 de los empleados viejos de Japdeva, quienes han sido entrenados, capacitados y pagados por las y los costarricenses en la administración y operación de este puerto, y pasen a manos privadas sin resarcirle un cinco al Estado por lo anteriormente señalado, mucho menos a las y los trabajadores.
Según afirma Jiménez, el excedente generado por los concesionarios se utilizará, entre otras cosas, para la modernización del puerto. Se le olvida señalar al señor Jiménez señalar que la historia nos ha enseñado que en las concesiones de obra pública nos dejaron trenes viejos de más de cien años que nunca más se pudieron utilizar, al mismo tiempo que nuestros recursos se esfumaron hacia otros países, principalmente Inglaterra, en tiempos en que este país administró la red ferroviaria (lo anterior sólo con fines ilustrativos, ya que se podría señalar varios otras decenas de casos sin mayor esfuerzo).
La lógica establecida por Jiménez básicamente señala, que si los concesionarios van a hacer el “esfuerzo” de “modernizar” la infraestructura con la cual van a apropiarse de la riqueza producto de la utilización de un puerto que es de todas y todos los costarricenses, deben tener los recursos para hacerlo. Pues bueno, básicamente lo que el señor Jiménez está planteando es cobrarnos a las y los costarricenses por que otros establezcan un negocio en lo que nos pertenece a todas y todos.
Para cerrar me gustaría reconocerle al señor Jiménez la sensatez con la que dice que si Japdeva no se concesiona estará destinado a la quiebra inminente. Una vez más me gustaría repetir lo anteriormente expuesto y es que, en esta lógica neoliberal, los nuevos ricos han desmantelado la plataforma institucional de la que nos beneficiamos durante muchos años las y los costarricenses para apropiársela unos pocos. Japdeva quebrará no por los sindicalistas, ni lo que han señalado como su “avaricia”, tampoco por no concesionarla, quebrará porque en este modelo de desarrollo el Estado ha perdido la capacidad de enfrentar sus costos de operación, para producir lo que consume, porque, de todos modos, lo que consume lo trae de afuera. Ese también es parte del negocio.
Gracias al señor Jiménez hoy nos queda más claro que la concesión de Japdeva es un bonito negocio.
Citas bibliográficas:
Martínez, Osvaldo (2005) Neoliberalismo, ALCA y libre comercio. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, Cuba.
Ruiz, Ángel (2001) El destino de Costa Rica y la educación superior. El escenario histórico del país, la educación y el papel de la Universidad. Editorial Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica.
El día martes primero de setiembre del presente año, leí, en el periódico La Prensa Libre, declaraciones del señor Francisco Jiménez, presidente ejecutivo de Japdeva, en las cuales señala que el 70% o 75% del presupuesto de Japdeva se destina al pago de salarios lo cual, según afirma él, es uno de las principales limitantes para realizar inversiones en el mejoramiento de la infraestructura existente.
Además de lo anterior, el señor Jiménez señala textualmente: “necesito convertir a Japdeva en una empresa moderna en que no más del 30% o 35% se destine al pago de salarios, que se pueda invertir en infraestructura, tecnología y servicios”.
A partir de lo anterior me gustaría hacer algunos señalamientos. Primero, el señor Jiménez lo que hace en estas afirmaciones es dejar claro que bajo la actual lógica neoliberal, en la que ha operado el país durante los últimos 25 años, el Estado ha dejado de tener capacidad de mantener siquiera la plataforma estratégica que permitió, durante varias décadas, generar parte importante de las entradas de dinero a las arcas del Estado con que se financió la infraestructura social con que operó el país en el modelo de desarrollo anterior. Si bien, ese modelo no había logrado disminuir las asimetrías sociales existentes para entonces, la actual lógica de concesiones, por no llamarlas privatizaciones como claramente hay que llamarlas, significó el nacimiento de los nuevos pobres, pero sobre todo de los nuevos ricos.
El científico social Carlos Sojo, señaló que durante la época de ajuste el 20% más rico del país se apropió del 50% del ingreso nacional, mientras que el 20% más pobre sólo del 4% (Ruiz, 2001: 139-140).
¿Pero cómo se explica la aparición de estos nuevos ricos en el país? Según Martínez (2005) el 95% de la acumulación de capital a nivel mundial se financia con ahorro interno de los estados nacionales. Este ahorro interno lo que significa es que, mientras las y los costarricenses pagamos ya hace mucho tiempo la plataforma portuaria nacional, la mantenemos y se ha demostrado que es un excelente negocio, además de ser estratégico para el país, hay una cúpula política y empresarial que ha encontrado muy sencillo traducir esa ganancia pública en una ganancia privada financiada por terceros.
En esta lógica, las y los costarricenses, hemos visto desaparecer de nuestras manos compañías de cemento, trenes, bancos, empresas de agroquímicos, aeropuertos, puertos marítimos, sólo para mencionar algunos. Además de lo anterior, hemos visto decaer las condiciones en las que operaron, por muchos años, las instituciones del Estado encargadas de garantizar el acceso y la calidad a las necesidades básicas más esenciales (educación, techo, salud, trabajo). Lo anterior se da, principalmente, porque en el deterioro de las instituciones del Estado, esa misma cúpula política y empresarial, que hoy quiere enriquecerse aún más con la privatización de Japdeva, encontró la fórmula de suplirle al Estado las necesidades que este mismo sector había propiciado.
Lo que el señor Jiménez también claramente señala es que la riqueza proveniente de los patronos, en este caso los futuros concesionarios de Japdeva, proviene de la sobreexplotación de los trabajadores. La lógica, según señala Jiménez, es que los concesionarios recontraten a 210 de los empleados viejos de Japdeva, quienes han sido entrenados, capacitados y pagados por las y los costarricenses en la administración y operación de este puerto, y pasen a manos privadas sin resarcirle un cinco al Estado por lo anteriormente señalado, mucho menos a las y los trabajadores.
Según afirma Jiménez, el excedente generado por los concesionarios se utilizará, entre otras cosas, para la modernización del puerto. Se le olvida señalar al señor Jiménez señalar que la historia nos ha enseñado que en las concesiones de obra pública nos dejaron trenes viejos de más de cien años que nunca más se pudieron utilizar, al mismo tiempo que nuestros recursos se esfumaron hacia otros países, principalmente Inglaterra, en tiempos en que este país administró la red ferroviaria (lo anterior sólo con fines ilustrativos, ya que se podría señalar varios otras decenas de casos sin mayor esfuerzo).
La lógica establecida por Jiménez básicamente señala, que si los concesionarios van a hacer el “esfuerzo” de “modernizar” la infraestructura con la cual van a apropiarse de la riqueza producto de la utilización de un puerto que es de todas y todos los costarricenses, deben tener los recursos para hacerlo. Pues bueno, básicamente lo que el señor Jiménez está planteando es cobrarnos a las y los costarricenses por que otros establezcan un negocio en lo que nos pertenece a todas y todos.
Para cerrar me gustaría reconocerle al señor Jiménez la sensatez con la que dice que si Japdeva no se concesiona estará destinado a la quiebra inminente. Una vez más me gustaría repetir lo anteriormente expuesto y es que, en esta lógica neoliberal, los nuevos ricos han desmantelado la plataforma institucional de la que nos beneficiamos durante muchos años las y los costarricenses para apropiársela unos pocos. Japdeva quebrará no por los sindicalistas, ni lo que han señalado como su “avaricia”, tampoco por no concesionarla, quebrará porque en este modelo de desarrollo el Estado ha perdido la capacidad de enfrentar sus costos de operación, para producir lo que consume, porque, de todos modos, lo que consume lo trae de afuera. Ese también es parte del negocio.
Gracias al señor Jiménez hoy nos queda más claro que la concesión de Japdeva es un bonito negocio.
Citas bibliográficas:
Martínez, Osvaldo (2005) Neoliberalismo, ALCA y libre comercio. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, Cuba.
Ruiz, Ángel (2001) El destino de Costa Rica y la educación superior. El escenario histórico del país, la educación y el papel de la Universidad. Editorial Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica.
El movimiento social costarricense NO tiene partido
(A la luz de la inscripción del Partido Alianza Patriótica)
Al menos dos años antes de iniciar la lucha por la defensa de la soberanía nacional ante la inminente venta del ICE durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), estudiantes de las Universidades Públicas, estudiantes de los Colegios Públicos, distintos sindicatos, trabajadores, trabajadoras, amas de casa, iniciamos con el Combo del ICE una lucha social que se extendería durante varios años hasta llegar a encontrarse inmersa en la coyuntura del TLC.
Durante este proceso se fueron identificando y saliendo a flote las motivaciones por las que los distintos grupos se iban uniendo a un movimiento social que, vivo y sin necesidad de ser representado por políticos tradicionales, logró ir sumando grupos y gentes tan diversos hasta llegar a conformar ese grupo rico en heterogeneidad, en su capacidad de discutir, pensar, analizar la realidad nacional y aportarle dinamicidad a un país que, durante casi década y media, estuvo pasivo a merced de la burguesía política nacional.
La diversidad que caracterizó al movimiento del NO tuvo la riqueza de ser eso: un movimiento social, que a diferencia de la política tradicional, donde se ponen en evidencia los favoritismos, la pleitesía y el culto a la personalidad, cada una y cada uno de sus integrantes abrió su puerta para que las reuniones de los Comités Patrióticos se llevaran a cabo en su casa y desde ahí construir la propuesta que, al igual que en los más de 100 Comités Patrióticos al final conformados, posibilitaran retener lo que al pueblo costarricense le había costado tanto construir en más de 50 años de historia.
Si la burguesía latinoamericana ha aprendido de algo de los procesos políticos en la región, es a vaciar de contenido la propuesta de los movimientos sociales y usufructuar a su favor. Precisamente eso, y nada más que eso, es lo que significa la reciente Asamblea Nacional del Partido Alianza Patriótica, que lejos de responder a los intereses de la Patria, responde a los intereses de un grupo que, sin vergüenza alguna, se ha autoproclamado el Partido del NO. Este “nuevo” Partido, y digo “nuevo” entrecomillado por que está conformado por políticos provenientes de los mismos partidos que han saqueado a este país durante los últimos 25 años, que al encontrarse hoy sin Partido, ya sea por lo que los mismos liberacionistas han llamado el secuestro de su partido o a la ruptura y el colapso definitivo de la Unidad Social Cristiana, han decidido jugarse el chance de vaciar de contenido al movimiento social costarricense y, como dije antes, usufructuar a su favor.
El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que los intereses de la Patria podrán ser sólo representados en la diversidad y no en la búsqueda privada del beneficio. El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que la alianza es fundamental para poder construir propuesta, para poder construir un proyecto de país, para poder construir un Modelo de Desarrollo y no de involución. El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que la construcción de un PROGRAMA es necesaria para que esta alianza se dé de manera natural, y que son las ideas las que determinarán la ruta a seguir. El movimiento social costarricense, hoy con más sapiencia que antes, sabe y reconoce que es él mismo quien se representa, NO un “nuevo” Partido con las oscuras prácticas del pasado.
Al menos dos años antes de iniciar la lucha por la defensa de la soberanía nacional ante la inminente venta del ICE durante el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez (1998-2002), estudiantes de las Universidades Públicas, estudiantes de los Colegios Públicos, distintos sindicatos, trabajadores, trabajadoras, amas de casa, iniciamos con el Combo del ICE una lucha social que se extendería durante varios años hasta llegar a encontrarse inmersa en la coyuntura del TLC.
Durante este proceso se fueron identificando y saliendo a flote las motivaciones por las que los distintos grupos se iban uniendo a un movimiento social que, vivo y sin necesidad de ser representado por políticos tradicionales, logró ir sumando grupos y gentes tan diversos hasta llegar a conformar ese grupo rico en heterogeneidad, en su capacidad de discutir, pensar, analizar la realidad nacional y aportarle dinamicidad a un país que, durante casi década y media, estuvo pasivo a merced de la burguesía política nacional.
La diversidad que caracterizó al movimiento del NO tuvo la riqueza de ser eso: un movimiento social, que a diferencia de la política tradicional, donde se ponen en evidencia los favoritismos, la pleitesía y el culto a la personalidad, cada una y cada uno de sus integrantes abrió su puerta para que las reuniones de los Comités Patrióticos se llevaran a cabo en su casa y desde ahí construir la propuesta que, al igual que en los más de 100 Comités Patrióticos al final conformados, posibilitaran retener lo que al pueblo costarricense le había costado tanto construir en más de 50 años de historia.
Si la burguesía latinoamericana ha aprendido de algo de los procesos políticos en la región, es a vaciar de contenido la propuesta de los movimientos sociales y usufructuar a su favor. Precisamente eso, y nada más que eso, es lo que significa la reciente Asamblea Nacional del Partido Alianza Patriótica, que lejos de responder a los intereses de la Patria, responde a los intereses de un grupo que, sin vergüenza alguna, se ha autoproclamado el Partido del NO. Este “nuevo” Partido, y digo “nuevo” entrecomillado por que está conformado por políticos provenientes de los mismos partidos que han saqueado a este país durante los últimos 25 años, que al encontrarse hoy sin Partido, ya sea por lo que los mismos liberacionistas han llamado el secuestro de su partido o a la ruptura y el colapso definitivo de la Unidad Social Cristiana, han decidido jugarse el chance de vaciar de contenido al movimiento social costarricense y, como dije antes, usufructuar a su favor.
El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que los intereses de la Patria podrán ser sólo representados en la diversidad y no en la búsqueda privada del beneficio. El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que la alianza es fundamental para poder construir propuesta, para poder construir un proyecto de país, para poder construir un Modelo de Desarrollo y no de involución. El movimiento social costarricense NO tiene partido. Sabe y reconoce que la construcción de un PROGRAMA es necesaria para que esta alianza se dé de manera natural, y que son las ideas las que determinarán la ruta a seguir. El movimiento social costarricense, hoy con más sapiencia que antes, sabe y reconoce que es él mismo quien se representa, NO un “nuevo” Partido con las oscuras prácticas del pasado.
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