No es el sexo de la presidente el culpable de sus desaciertos, sus horrores y sus concesiones

En días recientes el equipo que administra la cosa pública se ha dejado decir, por el Ministro de Comunicación, Fernando Chacón, y el de Planificación, Roberto Gallardo, que las críticas a la presidenta tienen un claro componente machista. Ante estos señalamientos me parece oportuno externarle algunos elementos al Ministro Gallardo, principalmente porque es hasta este punto, el último año de gobierno, que logra hacer un señalamiento que tiene mucho de verídico y que es compartido por un sector de la sociedad costarricense. Sin embargo, sería interesante y responsable que nos dieran ustedes un balance del porqué de este comportamiento. Dado que han obviado esta responsabilidad, por tratar de meter a todas y todos los costarricenses en un mismo saco, el saco “machista”, del cual parecieran salirse sólo las y los que le bajan la cabeza al gobierno, a OAS, a las y los verdiblancos, se han conformado con emitir un juicio de valor sin sustento explicativo.

Por primera vez desde que comenzó el último de los calvarios populares, tras haber ganado las elecciones presidenciales del 2010 la maquinaria electoral verdiblanca, concuerdo con el Ministro Gallardo de que los señalamientos a la triste, inmoral y trinquetera gestión del gobierno tienen un acentuado componente machista. Refrescándole la memoria al Ministro en cuestión, es importante que él reconozca y tenga claro que para comenzar han sido precisamente los integrantes de este gobierno quienes no sólo han incrementado las condiciones paupérrimas de vida de la clase trabajadora, integrada principalmente por mujeres, sino que aún cuando la presidente es mujer esto en ningún momento ha significado que su gobierno atienda los problemas de las mujeres, a excepción de aquellas que componen el sector patronal ligado con actividades trasnacionales.

Este gobierno, ha estado preocupado en los problemas de la burguesía más no en los problemas del conjunto del país. Con sus trochas, sus platinas, sus consultorías en el MEP, las armas robadas al MOPT, el "olvido" del titular de Hacienda, exministro Fernando Herrero, de pagar los impuestos respectivos, con su lógica de concesionar el país al mejor postor, entre tantos otros actos antipatrióticos que podrían ser señalados, han dejado claro que su interés ha sido estrictamente personalista y que están decididos a obtener réditos a toda costa aún cuando esto signifique dejar este país en la ruina. De esto no tiene responsabilidad la presidente por ser mujer, la tiene todo un equipo que con recetas económicas impuestas al conjunto de la nación no dio pie en bola más que para concretar intereses cada vez más claros para el conjunto de la nación. El señor Gallardo, el señor Chacón y el resto de hombres que integran hoy este desatinado gobierno, son también responsables de la miopía y el dogmatismo economicista que prevalece en el escenario costarricense y del porqué hoy, un sector de la sociedad nacional, ha pensado que el problema de fondo, y señalado por el propio gobierno, es el sexo de la presidente y no el fanatismo economicista, por decirlo de una forma sutil, que les orienta.

No sólo los principales centros de la economía capitalista dejan claro hoy que la lógica que los sostiene, además del abrumante movimiento de capital especulativo, sigue siendo el traslado de la riqueza socialmente producida por el sector trabajador a la burguesía, o dicho de otra forma por el saqueo y la explotación de las y los trabajadores por un sector minoritario de la sociedad mundial, sino que ni siquiera se dignan hoy en cumplir con las responsabilidades sociales, de carácter impositivo, a escala planetaria lo que ha permitido verles a la cara sin careta alguna. Eso les molesta tanto que intentan desviar la atención de sus desaciertos totalizando al conjunto de la sociedad costarricense como machista. ¡Qué ironía!

Si los señalamientos y críticas al gobierno en este momento son machistas es porque este gobierno ha quedado sin máscara, y porque de manera equivocada e irresponsable un sector de la sociedad costarricense ha ligado, en términos discursivos, el papel de la presidente con su sexo. Pensar de esta forma incita una actitud sociópata que complica, aún más, el papel de la mujer en el escenario político nacional. Si la percepción de la población costarricense (87% en el mes de Marzo de 2013 según Unimer) califica la labor de la presidente de mala o regular es porque la presidente ha conformado uno de los peores equipos de la historia reciente de este país. Si esto ha sido así es porque entre otras cosas la presidente asume con naturalidad la explotación y el saqueo de las y los trabajadores, la pérdida de soberanía nacional ante el capital transnacional o la abrumante deuda que mantienen el sector público y privado con la Caja de Seguro Social, que es la forma en cómo las y los nuevos ricos en Costa Rica han hecho su fortuna, no porque hacerlo así sea producto de su sexo.

Si hay algo en lo que el movimiento social costarricense pueda revertir esta noción sociópata es que sus filas se nutren de decenas, cientos, miles de mujeres (no cuatro gatos como pensó en algún momento el Ministro de Transportes Pedro Castro) que llenan de orgullo, fuerza, esperanza y rebeldía a este país. Ustedes compañeras engrandecen este país con su valentía y su coraje. Ser mujeres no las liga con la actitud dogmática, excluyente y explotadora del partido Liberación Nacional, aún cuando compartan el sexo de la presidente.

Si está el gobierno tan preocupado por la descomposición que ha generado su equipo a la imagen de la mujer en nuestro país, deberían reconocer, como gobierno, que ha sido su miopía, su religiosidad economicista y su abandono a los problemas de la nación los que ahora pasan factura a cada mujer en el territorio nacional aún cuando no sean liberacionistas.


Sería una actitud responsable y quizá hasta honrosa ver al actual gobierno pedirle perdón al país por su incapacidad de dirigirlo, limpiando un poco la imagen de que es el sexo de la presidente el culpable de sus desaciertos, sus horrores y sus concesiones.