Durante las últimas semanas, meses, años incluso, hemos sido testigos y cómplices, de cientos de manifestaciones sociales que agitan el escenario nacional. Testigos y cómplices porque en última instancia, cada una de las manifestaciones que se han generado desde los diversos movimientos sociales en Costa Rica son luchas del todo nuestras.
La reivindicación de la comunidad homosexual, lésbica, transexual por ser reconocidos como sujetos, como humanos, como costarricenses con derechos plenos recuerda, de alguna forma, la discusión colonial respecto de si las y los “indígenas” americanos tenían alma, y si por lo tanto eran o no humanos. La lucha que emprende esta comunidad no pasa, en ningún momento, por si en lo particular yo soy o no heterosexual, pasa por la dignificación de una comunidad amplia, heterogénea, pero sobre todo valiente que intenta, contra el orden instaurado, ser reconocidos. Esa lucha, compañeras y compañeros, es también mía.
La reivindicación de las y los estudiantes universitarios por el libre acceso al conocimiento a través del fotocopiado, es, sin duda, una lucha que podría parecer “ilusa”, ya que los centros de fotocopiado siguen abiertos y haciendo copias de los “textos prohibidos”. Sin embargo, más allá del contexto, el acceso futuro a los textos por parte de las y los jóvenes universitarios, colegiales y excluidos del sistema educativo, que hoy son la mayoría, es, sin duda, una lucha digna y honesta por ver más allá del árbol y enfocarse en el bosque, uno que de por sí ya está muy erosionado y de donde salen hedores pestilentes de color verde y blanco. Esa lucha, compañeras y compañeros, es también mía.
La reivindicación de las y los jóvenes, trabajadoras y trabajadores, vecinas y vecinos de nuestro país que no tienen otra instancia médica para atender su salud que la Caja Costarricense de Seguro Social, hoy tan maltrecha producto del negocio fraudulento que las distintas administraciones de la Unidad Social Cristiana y Liberación Nacional han establecido alrededor de ella exponiendo la vida de las y los costarricenses, no es más que el reflejo del creciente descontento popular que se enfoca hacia un grupo de tagarotes que no tiene el mínimo reparo de ver morir a su compatriota si sabe que de esta muerte va a obtener réditos económicos. La dignidad, el enojo y la movilización de aquellas y aquellos que defienden la seguridad social en Costa Rica, es, compañeras y compañeros, también mi lucha.
La defensa de los ríos y montañas, de los pájaros y flores que alberga este pedacito de tierra en el que nacimos es la posibilidad futura no sólo para las y los costarricenses, sino para la propia especie humana, que hoy, a diferencia del pasado, cuenta con mayores dificultades para suplir necesidades de agua potable o enfrentar los embates del cambio climático. Por ello, un grupo creciente de personas, alrededor de todo el país, ha estado enfrentando la degeneración ambiental a la que se ha expuesto nuestro país producto del acelerado desarrollo de proyectos inmobiliarios y extractivos que ha puesto en riesgo la flora y fauna nacional y planetaria. Esa defensa ambientalista parte del reconocimiento del otro, en este caso el medio ambiente, como sujeto que da posibilidad innegable a nuestra propia existencia. Por eso, compañeras y compañeros, la lucha ambiental también es mi lucha.
En un tiempo en que la dinámica de la economía-mundo capitalista demuestra con evidente fractura su declive, su imagen más nefasta a través de la tortura, el asesinato y el saqueo de diversas culturas y pueblos alrededor del mundo, es imperativo que hagamos de cada una de las luchas antisistémicas nuestras luchas, principalmente, porque si el capitalismo se está cayendo habrá que hacerle peso para que se termine de caer. Sin embargo, el inmenso reto será lograr construir es “otra sociedad posible”, porque tampoco es garantía de que el mañana será mejor. Por eso, compañeras y compañeros, cada lucha social que se extiende dentro y fuera de nuestro país es una oportunidad para crecer en ilusión, en capacidad creativa y en organización. Por eso, cada lucha social, dentro y fuera de Costa Rica es sin duda, compañeras y compañeros, también mi lucha.
¿Qué quieren decir ahora los que históricamente no han dicho nada? Incoherencias discursivas de la industria (des)informativa nacional respecto de la ley “moradaza”
Recuerdo, con abierto resentimiento, el papel deshonesto y antipatriota de canal 7, Repretel, Informe 11, CN 11, la “nazión” y algunas cápsulas noticiosas que transmitieron otros medios de comunicación a lo largo del contexto del referéndum del TLC, con acento mayúsculo durante lo que se suponía debía ser la “tregua” publicitaria. No sólo los recuerdo a ellos, sino también al silencio cómplice del Colegio de Periodistas de Costa Rica que en medio de este proceso asumió una posición política abierta, y lo anterior lo digo sustentado en el principio que el silencio también fue un voto afirmativo para el sector empresarial y político interesado en que este tratado, por el que ahora estamos pagando quienes vivimos de nuestra fuerza de trabajo, fuese aprobado a toda costa.
En medio de este proceso, lleno de tantos vicios, el TLC con los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana fue aprobado a golpe de tambor. Lo que no previó la industria (des)informativa nacional fue, precisamente, que en política, quien se alía con el diablo, más temprano que tarde, sale trasquilado.
Me resulta risorio e incomprensible ver, al mismo sector de la industria (des)informativa costarricense reclamar ahora porque los dejen decir lo que tantas veces han callado. Aún, cuando en Costa Rica la desinformación es nuestro pan de cada día, la industria (des)informativa nacional ahora pretende hacernos creer que son ellos, los deshonestos medios de (des)información, los que nos van a dar la posibilidad de informarnos y, que si no fuera por su trabajo, las y los costarricenses no tendríamos acceso a la “verdadera” información.
No festejo, bajo ningún pretexto, el interés coercitivo y cínico con el que el mismo sector empresarial que no paga impuestos al país y que está estrechamente vinculado con los partidos Liberación Nacional y el Movimiento Libertario, ha impuesto el silencio, la ignorancia mediática y generalizada al pueblo costarricense. Este silencio, más parecido a la estupidez, como diría Martí, le permitirá a los “consultores” y “asesores” del gobierno y al sector del empresariado transnacional, continuar “firmes” y ¿honestos? con sus trochas, sus puentes maltrechos, sus negocios malhabidos a costas del esfuerzo de quienes vivimos de nuestra fuerza de trabajo.
Hoy, somos testigos de uno de los momentos más críticos de la disminución de las libertades del pueblo costarricense. Lo que resulta interesante es ver, a quienes se aliaron y piensan como el patrón, reclamar porque les devuelvan la voz que ellos mismos no han querido ejercer. Hoy, quienes con sus combates, sus siete estrellas, sus buen días, sus giros, sus tía Zelmiras y demás programas idiotizantes cargados de un alto contenido ideológico capitalista, norcéntrico y eurocéntrico, quieren hacernos pensar que será por la ley “mordaza” que no podrán informarnos en adelante. Por favor señores y señoras de la industria (des)informativa costarricense, pónganse serias y serios, su trabajo nunca se ha destacado por un periodismo de calidad o responsable salvo por muy pocas excepciones.
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