Ernesto Herra Castro*
Resulta impresionante, quizá hasta risorio, que el mismo grupo que gobierna la cosa pública con el más cínico interés personal no pueda, en la realidad, ni administrar una pulpería. Y es que, ni al par de policías de la canción de Julieta les robaron tanto.
El reporte periodístico contabiliza un total de 215 armas robadas al pueblo de Costa Rica, las cuales iban destinadas, en teoría, a las y los oficiales de tránsito del Ministerio de Obras Públicas y Transportes que se ubicaban en una de las bodegas de esta institución. Lo curioso del caso es que, aún cuando el Ministro de este ramo ha expresado manifestaciones de rechazo con este hecho particular, no ha tenido la cordura, el decoro, la honestidad, la valentía o el coraje de renunciar a su cargo por el bien del mismo país del que forma parte. Hoy, las 215 armas robadas al MOPT, algunas de ellas en apariencias recuperadas, engrosan la lista de las armas disponibles en el mercado ilegal.
Pero ¿cómo pedirle que renuncie a quien ha fungido como uno de los principales promotores de la privatización de la cosa pública en nuestro país en los últimos años? Es importante señalar que el señor Francisco Jiménez, más allá de su cargo como ministro, fue ungido por los hermanos Arias desde el gobierno anterior para impulsar la privatización de JAPDEVA, colaborar con el “golpe de Estado” ejercido contra la Junta Directiva del Sindicato de Trabajadores de JAPDEVA o, incluso, tratar con benevolencia paternalista, o quizá con demostrada cercanía, al accionista mayoritario de Autopistas del Sol S.A (FCC Construcción Costa Rica S.A), quien en ningún momento ha enfrentado un solo proceso sancionatorio por haber incumplido los tiempos de entrega de las obras de infraestructura, incluido puentes peatonales cuya responsabilidad pretende que ahora asuma el Estado, e incluso poner en peligro la vida de las y los costarricenses. Lo curioso del caso es que aún cuando ha sido comprobado por el diputado del Partido Acción Ciudadana, Manrique Oviedo Guzmán, que en la campaña política recién pasada este grupo económico le donó al partido Liberación Nacional once millones de colones, colocados en bonos clase b, en este país no pasa nada.
Las 215 armas que ha puesto el partido Liberación Nacional al alcance del crimen organizado es uno de las más claras manifestaciones de que Costa Rica, de la cual ellas y ellos también forman parte, no les interesa un comino. Si le interesara habría velado, desde las administraciones anteriores, por que la Caja Costarricense de Seguro Social tuviese buena salud. Aún así, podría interesarse ahora, sin embargo, ha permitido una declaratoria de “amnistía” al cobro de la deuda contraída por patronos morosos que pone en serio peligro la estabilidad económica y estructural de dicha institución.
Con el robo de las 215 armas, el partido Liberación Nacional ha dejado claro que tanto los recursos económicos del Estado como la vida de las y los costarricenses no es un tema de su preocupación. Si esto no fuese así no habría aprobado la actitud antipatriota del expresidente José María Figueres Olsen al embolsarse cerca de novecientos mil dólares (cuatrocientos cincuenta y cuatro millones cincuenta mil colones al tipo de cambio del 6 de febrero del año en curso) por “consultorías” realizadas aprovechando sus vínculos con el poder político nacional. Tampoco cuestionaría la decisión soberana y democrática del pueblo de Pérez Zeledón al destituir al alcalde de dicho cantón, o no permitiría que se caigan puentes con estudiantes y resolvería oportunamente los puentes inconclusos, al estilo “la platina”, que hoy se acumulan en decenas de comunidades.
Si nosotras y nosotros, el pueblo de Costa Rica tuviésemos un mínimo de decoro, exigiríamos la renuncia del señor Jiménez, ofreciéndole, a su vez, un curso de aprendiz de pulpero, para que quizá, al lado de las y los trabajadores, aprenda a apreciar el trabajo ajeno y lo que nos cuesta al resto ganarnos los frijoles. Al partido Liberación, o a lo que queda de él ¿qué pedirle? Quizá, que al menos, no se gaste la plata entre champaña, avionetas y helicópteros.
* Sociólogo
